Recientemente en Colombia se conmemoró el Día del Árbol, como es de costumbre todos los años desde 1941, cuando el Gobierno de turno lo decretó. Aunque esta efeméride al principio se llamó Día Forestal Mundial, con motivo de la realización en Roma del Congreso Internacional Forestal en 1969, por recomendación de la FAO se llamó el Día Mundial del Árbol a partir de 1971.

Desde tiempos inmemorables los árboles han sido un aliado fundamental para la vida del hombre, aunque esta histórica y estrecha relación cada día se disuelve. La misma FAO, según sus estimaciones, asegura que anualmente en el mundo son arrasadas más de 13 millones de hectáreas de bosque natural por las causas que ya todos sabemos: incendios forestales, explotación ilegal de madera, minería ilegal, obras de infraestructura, asentamientos humanos, entre otras.

A diario en las noticias y en nuestro entorno, vemos como la deforestación se ha vuelto el pan de cada día, poniendo en riesgo hasta nuestra propia supervivencia. Pero lo no menos preocupante ha sido la pasividad frente al tema y la falta de medidas necesarias y urgentes de parte de los Gobiernos del mundo. Un hecho desalentador, pues los árboles son los pulmones del mundo.

Los árboles regulan el ciclo del agua, la recogen y la almacenan, ayudando a evitar las inundaciones; controlan la erosión y evitan derrumbes y deslizamientos; reducen los efectos del cambio climático, el otro enemigo que nos acecha. Además, son el hábitat de miles de especies de plantas, aves, mamíferos, reptiles y anfibios, características que cobra importancia en países como el nuestro por su gran diversidad biológica. Los árboles son quienes purifican el aire convirtiendo el dióxido de carbono en biomasa para la protección de la capa de ozono.

En Colombia, muchas son las entidades públicas y privadas que se apalancan a realizar jornadas de reforestación y mantenimiento de árboles. Hecho que se ve con buenos ojos, todos estamos llamados a aportar nuestro ‘granito de arena’.

La Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria – Corpoica, a través de su Centro de Investigación Caribia, es una de ellas. En el último año ha donado y plantado 115 árboles de ceiba roja y robles en instituciones educativas y barrios de Santa Marta, actividades que han estado acompañadas de ciudadanos y la institucionalidad.

En el caso del roble es una especie muy sembrada en la Región Caribe principalmente como maderable, pero también se siembra para sombra y se puede establecer bajo las condiciones agroecológicas de la costa. Son árboles que nos ayudan a bajar la temperatura y a protegernos del sol canicular que hay en esta zona del país. Entre tanto las ceibas rojas, mejoran las cuencas hidrográficas, estabiliza la temperatura, captura dióxido de carbono y sus hojas y frutos tienen usos medicinales.

Es hora de que el hombre y el árbol revivan su romance y qué mejor punto de partida que este tipo de actividades desarrolladas por instituciones como Corpoica y otras del Gobierno Nacional, actividades que deben ser permanentes en el tiempo y la base para un gran programa que involucre a todos los actores de la sociedad y cuyo único fin sea el de sembrar vida.