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La inflación este año no da tregua y sigue sin tocar techo. Para noviembre el IPC llegó a 12,53%, con los niveles más altos desde 1999 cuando osciló entre 11,1% y 13,5%.

Nuevamente se vio impulsada por los precios de los alimentos, que han subido 27% en lo corrido del año, y sigue asechando a las industrias agroalimentarias.

Este es el principal reto del agro el próximo año, porque debe encontrar alternativas para evitar que el precio en los insumos y fertilizantes siga subiendo y generando alzas en los costos al productor y al consumidor.

Por ejemplo, los insumos para la acuicultura tuvieron un alza de 32% aproximadamente en lo corrido del año. En la avicultura el panorama fue parecido, y el precio del Sistema de información de Precios y Abastecimiento del Sector Agropecuario (Sipsa) del Dane reflejó un aumento del valor para los consumidores, pero que afectó también los costos de producción. En un año el maíz subió 25% y la soya 32%, cultivos esenciales para producir pollo.

Si a esto se le suman las pérdidas económicas que tienen los agricultores por cuenta del insaciable fenómeno de La Niña, el agro tiene muchas desventajas para lograr una mayor producción. Esto se debe a que muchos cultivos son susceptibles a enfermar por patologías fúngicas que nacen por la cantidad de agua que llega a las raíces y el sustrato. Situación que explica por qué las frutas estuvieron con precios tan altos, pues la producción bajó y no había suficiente oferta para suplir la demanda.

Aunque el Gobierno ha tratado de subsidiar a los pequeños productores afectados por las lluvias, los esfuerzos parecen insuficientes, pues aquellos que sufrieron afectaciones en sus cultivos y con créditos vencidos antes del 30 de noviembre de 2020, podían acceder a la condonación de intereses corrientes y de mora, pero las lluvias no paran, y seguirán hasta marzo de 2023, según el Ideam.