Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

Además del potencial para convertirse en despensa global alimentaria, en Colombia afloran ya claras oportunidades para el turismo rural: tgroturismo, ecoturismo y Turismo rural comunitario. The New York Times al tiempo que define nuestro país como el segundo destino entre 52 lugares para visitar en 2018, deduce que “después de medio siglo de guerra, Colombia está ansiosa por convertirse en el lugar más aventurero y cosmopolita que merece ser”.

La multiplicidad de climas y relieves, la disponibilidad de intercambio de regiones cálidas a páramos en poco tiempo, la vasta riqueza faunística y florística, las unidades de paisaje características del relieve, desde costas, valles interandinos, montañas, sabanas tropicales hasta bosques de niebla, conforman un abanico muy atractivo para el turista común o el especializado.

Nuevas corrientes en el desarrollo de nuestros pueblos han incluido dentro de sus planes de ordenamiento territorial al turismo rural como un componente estratégico para el futuro económico y para la formación de nuevos capitales sociales, pero estas intervenciones tienen que ser cuidadosamente planificadas, con una responsable y rigurosa protección ambiental y cultural.

”Agroturismo“ es una forma de turismo en la que la cultura rural es aprovechada para brindar diversas opciones de distracción y atraer turistas con la naturaleza pero principalmente con paisajes cultivados.

“Paisajes cultivados”: Este término es clave. Para hacer agroturismo es indispensable desarrollar primero una cultura de cultivos sanos y como consecuencia de su sanidad vegetal, cultivos eficientes y productivos. Ningún turista querrá estar en una finca o hacienda mal cultivada, desordenada, con faltas de higiene, sin valor cultural o tecnológico.

Por esa razón, el orden lógico es el de aprender y educar a todos los involucrados en la puesta en práctica de una agricultura limpia, sana y con valor agregado, para que este emprendimiento, con esas características, por sí solo se convierta en algo digno de ser visitado.

Las oportunidades derivadas del crecimiento sostenido de estas demandas deben ser aprovechadas para desarrollar atractivos realmente relevantes, con áreas diseñadas para los turistas (senderos, espacios de estar, servicios higiénicos, seguridad), que dejen en el turista una experiencia inolvidable, lo que quiere decir que allí debe haber cosas qué ver y cosas qué hacer.

Ese entorno debe tener cultivos dignos de filmar o fotografiar, ejemplo: especies nativas, plantas medicinales, aromáticas, especerías, frutales y en general cultivos que disfrute el turista y que formen parte de sus inolvidables recuerdos, que represente valor hedónico.

Y debe haber un alto contenido cultural. Vivencias de allí con su gente involucrada. Vivencias características del lugar tales como comida típica, bebidas propias, dulces tradicionales, música autóctona, paseos (bicicleta, triciclo, caballo, bote, canoa), conversaciones con la gente del lugar, pesca, observación de animales silvestres, excursiones, etc. en síntesis: que haya un aprendizaje positivo para que los turistas se conviertan en entusiastas promotores y difusores del lugar.

Son altas las posibilidades de éxito si se evitan las improvisaciones que tanto riesgo agregan. Los proyectos no deben ser novelas ingeniosamente inventadas, sino herramientas útiles que, sirviéndose de la planeación estratégica y de la caracterización biofísica y socio-cultural, procuren el aprovechamiento sensato de los recursos naturales.