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Colombia ocupa el segundo lugar en las exportaciones mundiales de flores detrás de Países Bajos. El sector de flores, que anualmente exporta US$1.300 millones, cambió la realidad de los trabajadores rurales y de comunidades enteras, pues el país encontró una fórmula eficiente para cultivar flores cada vez más hermosas y duraderas, uniendo el conocimiento tradicional de su gente a la tecnología.

He seguido muy de cerca la relación de los colombianos con las flores desde que me gradué de la universidad hace 11 años, cuando comencé a trabajar en el manejo fitosanitario en el cultivo de flores y me di cuenta de los logros y desafíos que enfrenta el segmento, dado lo delicadas que es.

En Colombia, al menos 6.000 hectáreas se dedican al cultivo de flores, en particular rosas, crisantemos y pompones, que representan 80% del área cultivada. Este sector genera al menos 130.000 empleos formales (de los cuales 65% es de mujeres), concentrando una de las mayores fuerzas laborales en campo en el país: cada hectárea puede emplear hasta 15 trabajadores.

Desde el punto de vista tecnológico, los avances son ilimitados pues el cultivo de se encuentra entre las áreas más tecnificadas que incluyen el manejo responsable y sostenible de productos de protección de cultivos.

La producción de flores se realiza en invernaderos que hoy en día están equipados con sensores capaces de asistir en el control del medio ambiente. La cantidad de agua utilizada se controla mediante sistemas de irrigación automática; la luz necesaria, con monitoreo UV y la temperatura ideal se determina con el apoyo de algoritmos y sistemas inteligentes. Todo esto para cumplir con las cosechas programadas que están garantizadas para cumplir sin demoras, las diversas demandas durante el año, especialmente el Día de San Valentín y el Día de la Madre en mayo.

Anualmente, se pueden producir hasta 1,2 millones de rosas por hectárea. Del total de rosas plantadas en Colombia, 50% son rojas. Una rosa colombiana puede tener hasta 15 centímetros de diámetro (sin incluir los tallos) y una flor puede durar hasta 20 días desde el corte, si se conserva adecuadamente.

Las compañías que queremos ser socios de esta industria nos hemos acoplado a esta transformación con programas y soluciones que integran tecnología, sostenibilidad, técnicas de aplicación e intercambio de conocimientos. El objetivo es apoyar a las fincas a aumentar los resultados mediante el análisis de los datos de producción desde el suelo, hasta las condiciones climáticas, o mediante programas de sostenibilidad que permiten el tratamiento de aguas residuales donde se logra su reutilización y se evitan desechos no deseados.

Con la inversión en desarrollo humano, la adopción de avances tecnológicos, el manejo adecuado de plagas y enfermedades y el uso sostenible de los recursos naturales, Colombia está haciendo historia en el mercado mundial. Somos muchos los interesados en seguir exportando los colores de nuestro país, por lo que todos los actores de la cadena debemos seguir trabajando para hacer de la floricultura colombiana la más competitiva del mundo, impulsando su crecimiento y potencial hasta nuevas fronteras.

Una historia de crecimiento como esta se logra solo con trabajo duro, amor y compromiso.