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Es irritante, es preocupante. Así es El Niño. Pero no estoy hablando de ninguno de mis sobrinos o de los hijos de mis amigos y mucho menos de mis propios hijos. El Niño es una realidad, es un fenómeno atmosférico cíclico que cada tres o cuatro años reduce la potencia de los vientos en el Océano Pacífico y genera tormentas en Asia y sequías como las que padecemos hoy.

Según el Sistema Interconectado Nacional - SIN, al cierre de 2014 la demanda de energía es de unos 63.571 GW/h; 4,4% más que en el año 2013, si para los próximos años nosotros lográramos ahorrar al menos 15% en la demanda de energía, lo que equivale a 9.535 GW/h tendríamos sin duda la posibilidad de enfrentar el fenómeno del niño de una manera más madura.

Aún no tenemos datos precisos sobre el impacto de la concentración de gases de efecto invernadero, en el fenómeno de El Niño, pero sí sabemos que este último afecta a las corrientes de agua. Por esto, es importante conocer la capacidad de distribuir agua por los sistemas de riego, por ejemplo, o de generar suficiente energía basada en las represas. Esto depende de lo que hayamos hecho en los últimos años para superarlo. Lo más coherente es analizar con una lista de chequeo en mano, los factores críticos que cada municipio y departamento debe asumir y reunirlos en un listado nacional y ojalá regional para no dejar cabos sueltos. De acuerdo con la OMM, los embalses deben tener una reserva superior a 70%, por ejemplo para evitar un racionamiento. De acuerdo con la empresa XM, que opera el Sistema Integrado Nacional de Energía, SIN, las reservas hídricas en el país están por encima de 60%, pero el Gobierno Nacional y local está tomando medidas desde septiembre que pueden incluir multas si se superan límites de consumo, e incluso racionamientos del uso del agua o la energía, si fuera necesario.

Más allá de revisar las causas, tenemos que reducir sus efectos en el futuro y hacer frente a sus consecuencias, como la falta de agua y por consiguiente sus impactos en el sistema energético, más aun si tenemos en cuenta que la energía hidráulica representa más de 64% del total generado en Colombia.

Las empresas, por su parte, deben crear planes de contingencia para replantear la manera como consumen su energía y su agua, incluso podrían ir más allá y analizar modelos para retornar algo de su consumo de carbono. En Schneider Electric, promovemos la automatización de los procesos industriales para reducir costos operativos y desperdicios de energía y agua.

Un plan que siempre me ha parecido atractivo consiste en analizar cómo hacer los procesos más eficientes en términos energéticos. Esta es una actividad ganadora en todos los sentidos. Un ejemplo básico es desplegar un sistema de gestión y automatización basado en KNX, un lenguaje que permite a los edificios reportar el comportamiento de fuentes de luz, usos de energía, ventilación, entre otros, permitiendo un monitoreo total de usos y consumos.

Al tiempo, es necesario que las empresas inicien su proceso de transición hacia el uso de energías renovables, como la solar o la eólica, por ejemplo, los techos de nuestros edificios deben comenzar a llenarse de paneles solares para generar energía limpia.

Un estudio del impacto en las cuentas mensuales frente a la aplicación de energía alternativa ayudarán a mejorar el uso de la electricidad y consecuentemente reducirán la dependencia a la red local energética.

Gracias a esto, en Schneider Electric, hemos logrado reducir y superar las expectativas de uso y consumo energético en más de 30% en nuestra infraestructura.

El Niño nos pone a pensar cómo debemos afrontarlo y creo que la creatividad en el uso de tecnologías que mejoren la eficiencia energética, así como la implementación cada vez más intensiva y seria de energías alternativas, hará que la intensidad de este fenómeno no afecte nuestra productividad.