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En los últimos años se ha evidenciado en Colombia un importante desarrollo agroindustrial, el cual ha sido acompañado por prácticas agrícolas que facilitan la aceptación de los productos nacionales en otros países. Sin embargo, aún existen muchos desafíos para el futuro, entre ellos, la necesidad de definir concretamente en qué consiste el desarrollo sostenible en el agro y cómo lograrlo en su totalidad.

El sector agrícola es una pieza clave en el desarrollo económico del país. En el último Censo Nacional Agropecuario, se reportaron más de dos millones de productores agrícolas y 43 millones de hectáreas con uso agropecuario en el territorio nacional. Es así que, lograr que en las próximas décadas estos sistemas de producción sean más eficientes y reduzcan su impacto ambiental será clave para conseguir la meta de un agro más eficiente y sostenible.

Cabe aclarar que lo anterior es una labor de todos los actores de la cadena, por esto la industria de protección de cultivos promueve una gestión responsable y adecuada de las buenas prácticas agrícolas, contribuye a la digitalización y ofrece herramientas y servicios que buscan mejorar la calidad de vida del agricultor. A pesar de esto, aún hay un camino por recorrer para seguir avanzando en la apuesta de la sostenibilidad del sector.

El sector agrícola ha sido uno de los más afectados por el cambio climático. Como respuesta, ofrecer nuevas alternativas para el manejo del nitrógeno que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero; opciones en el desarrollo de productos para la protección de cultivos, como herbicidas que permiten a los agricultores producir con labranza mínima; nuevas variedades de semillas que proporcionan una mayor estabilidad en la producción en condiciones climáticas adversas e inoculantes biológicos y soluciones digitales innovadoras; contribuyen a reducir las emisiones de CO2 del suelo y el uso de combustibles fósiles, factores determinantes en el cambio climático.
La premisa más con menos es la base del concepto de productividad, que cobra especial relevancia cuando hablamos de la sostenibilidad; por ejemplo, el uso de fungicidas innovadores mantiene la buena sanidad del cultivo permitiéndole a la planta desarrollar todo su potencial genético mientras protege el hábitat natural de su entorno. Otro ejemplo, son las bio-soluciones que evitan el apareamiento de insectos que afectan los cultivos o innovaciones de mejoramiento vegetal que previenen la oxidación y así minimizan el desperdicio de alimentos en el consumidor.

Finalmente, pero no menos importante, la agricultura digital tiene un papel fundamental en la sostenibilidad del agro. El acceso a la información sobre las preferencias de los consumidores, las actividades de los competidores en el mercado o a las nuevas formas de producción; son un gran ejemplo del proceso de transformación de la agricultura gracias a la digitalización y todo esto sumado impacta de forma positiva el balance económico, social y ambiental del sector, al permitirle al agricultor tomar mejores decisiones más oportunas.

Bajo este contexto, en Basf tenemos la meta de lograr la reducción de 30 % en las emisiones de CO2 por tonelada de cultivo producido para 2030.