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Antes de iniciar la pandemia, como humanidad, no estábamos en camino hacia el cumplimiento de las metas de hambre cero en la Agenda 2030 y, ahora, el covid-19 empeoró aún más la situación. Cerca de 60 millones de personas estuvieron subalimentadas en América Latina y el Caribe durante 2020; es decir, que no adquirieron los nutrientes suficientes para satisfacer sus necesidades, de acuerdo con un informe reciente de la FAO y el Programa Mundial de Alimentos.

Esto deja claro que para combatir el hambre y la desnutrición es necesario repensar los sistemas alimentarios mundiales y nacionales, para hacerlos cada vez más equitativos, saludables, sostenibles y resilientes. Precisamente, para lograr esta transformación, durante este año Colombia, como Estado miembro de la ONU, ha participado en una serie de diálogos para identificar en qué aspectos están los principales retos del país, con el objetivo de generar medidas para afrontarlos y, de esta manera, contribuir con el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Para ello, el país debe avanzar en cinco vías: garantizar el acceso a más alimentos seguros y nutritivos, adoptar modalidades de consumo sostenibles, impulsar prácticas favorables con la naturaleza, promover medios de vida equitativos y crear resiliencia ante las vulnerabilidades, las conmociones y las tensiones. Aunque los sistemas alimentarios comprenden todos los elementos de la cadena (actividades y actores que hacen posible el cultivo, transformación, distribución y consumo), la agricultura es uno de los puntos transversales y fundamentales sobre los cuales debe continuar el progreso pues, sin la producción de comida, todos nos vemos seriamente afectados.

Este panorama plantea desafíos clave que debemos gestionar. Primero, es necesario garantizar mejores prácticas agrícolas haciendo crecer el conocimiento en el campo, para sustituir los procesos tradicionales que degradan el medioambiente y promover una nutrición adecuada de cultivos, que permita cosechar alimentos con mejor aporte nutricional; luego, es importante acelerar la tecnificación del campo para contribuir con el aumento de los ingresos de los agricultores y reducir la pobreza; asimismo, debemos fomentar la agricultura sostenible a través del uso racional de los recursos y la disminución de la huella de carbono, para que los suelos continúen siendo productivos; por otro lado, tenemos que avanzar en materia de investigación e innovación para que la agricultura pueda adaptarse al cambio climático; y finalmente, resulta clave asegurar el desarrollo de la vida rural, con la infraestructura física y digital para la producción agrícola, con el fin de que las nuevas generaciones se interesen por el campo y desarrollen sus proyectos de vida allí.

Los retos son bastante amplios y, en esta línea, desde Yara nuestro compromiso ha sido firme con la transferencia de conocimiento, los procesos basados en el cuidado del medio ambiente, la disminución de las emisiones de gases efecto invernadero del agro, la descarbonizacion de la cadena de alimentos y el fortalecimiento de los productores. Por supuesto, este conocimiento está a disposición de Colombia.