La cadena agroalimentaria de hortalizas comprende las etapas de recolección, producción, distribución y comercialización de verduras y legumbres destinadas como alimentos o como materias primas para la transformación industrial, la cual es mínima dado que su producción depende de economías esencialmente campesinas y está orientada principalmente a cubrir la demanda alimentaria interna en fresco.

El tamaño promedio de los cultivos de hortalizas en el país oscila entre una y tres hectáreas, donde el 75% de los lotes tienen una extensión menor a tres hectáreas y el 40% de estos tienen una extensión menor a una, lo que quiere decir que la producción de hortalizas está dada por los pequeños productores.

La región del Caribe no se escapa de esa realidad, sus productores son personas dedicadas a la producción de hortalizas en pequeñas superficies, con escasos recursos, tecnologías muy deficientes y con una baja rentabilidad, y un dato adicional, muchas de las hortalizas consumidas en la región son producidas en el interior de país, debido a que la oferta climática para estos productos demandados no tienen las condiciones óptimas para su normal desarrollo, ya que la región se caracteriza por escasa precipitación, alta radiación y temperatura.

Dado todo este escenario, en la actualidad Corpoica, a través de su Centro de Investigación Caribia, ubicado en la Zona Bananera en el departamento del Magdalena, lidera en Colombia un proyecto cuyo objetivo es contribuir a la generación de innovaciones de intensificación sostenible en horticultura bajo ambientes protegidos para reducir la vulnerabilidad al cambio climático en sistemas de agricultura familiar.

Este proyecto cuenta con el financiamiento del Fondo Regional de Tecnología Agropecuario (Fontagro) por más de US$400.000 y trabajará de la mano en cuatro países: Colombia, Costa Rica, República Dominicana y Panamá. Una gran apuesta que buscará establecer infraestructuras protegidas que protejan a los cultivos del ambiente tan estresante característico de la región del Caribe, lo que permitirá producir en menor superficie y durante casi todo el año, con una tecnología que incrementará la productividad y permitirá la adaptación de cultivos que no se podían producir convencionalmente a campo abierto, logrando así mejorar la calidad de vida de los sistemas de agricultura familiar y de economía campesina.

En Colombia, este proyecto pretende beneficiar a pequeños y medianos productores de hortalizas del caribe seco colombiano, así como a asistentes técnicos agropecuarios, estudiantes de ingeniería agronómica de la Universidad del Magdalena y aprendices Sena de los técnicos y tecnólogos de áreas afines al sector agropecuario. La Universidad del Magdalena en la carrera de ingeniería agronómica cuenta actualmente con un promedio de 80 estudiantes en los últimos semestres.

Para el caso del Sena se cuenta, como población potencial adoptante, aproximadamente con 150 estudiantes de los tecnólogos en producción agropecuaria, agricultura de precisión, riego y drenajes y los técnicos en cultivos agrícolas. Sin duda, una oportunidad para el sector hortícola de la región Caribe y el país.