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Bogotá_Por estos días, el debate sobre la coexistencia y trabajo conjunto de la economía campesina con la agroindustria se ha intensificado por cuenta de la apertura de una serie de debates que buscan contestar a una pregunta que se viene haciendo en el país, los últimos 50 años: ¿cómo ampliar la frontera agrícola?

Aunque los analistas del sector tienen posiciones contrarias, muy bien sustentadas, aún algunos se preguntan por qué el pequeño productor y el empresario no pueden hacer parte del mismo modelo y trabajar en conjunto. Un claro ejemplo de ello es la agroindustria de la palma.

A lo largo del XLIII Congreso Nacional de Palmicultores se insistió en la inclusión de pequeños negocios mediante la figura de alianzas productivas. Empresas como el Grupo Daabon y el Grupo Oleoflores se han convertido en un ejemplo de cómo las plantaciones campesinas pueden ser altamente productivas y competitivas, lo suficiente, como para no excluirlas del desarrollo de la actividad.

Incluso, estas familias hacen parte de proyectos que tienen en la mira el desarrollo de productos con valor agregado con el fin de superar la etapa primaria y lograr propuestas modernas, competitivas y rentables para ambas partes.

Por lo anterior, este subsector del agro, que mueve cada año más de $1,8 billones, es citado con frecuencia como ejemplo de lo que son las verdaderas cadenas productivas, pues hace años logró consolidar una estructura horizontal que no dejó a nadie por fuera.

Para contactar al autor de esta nota:
Paula Delgado Gómez
Coordinadora editorial Agronegocios

Editor de esta nota:
Maria Alejandra Solano
msolano@larepublica.com.co
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