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Si la fracción orgánica del suelo puede estimarse en $135 millones por hectárea, la fracción mineral puede valer otro tanto o quizás algo más, entonces la hectárea de suelo puede tener un valor de más de $300 millones, que para 110 millones de hectáreas del territorio colombiano, da un valor patrimonial mayor a todo el ensamblaje urbano (edificios, casas, fábricas, carreteras etc) por su valor patrimonial. 

El suelo vale más que todo el cemento construido.  La alerta que se da es que no cuidamos tal patrimonio natural. 

La profesora Atehortúa de la Universidad Nacional sede de Medellín encontró que no hay legislación en el país que proteja al suelo.  

Los planes de ordenamiento territorial en la práctica son un falso positivo ambiental, y los agricultores y ganaderos hacen y deshacen en los predios rurales, sin que casi ocurra algo que los regule.

La agricultura convencional de agroquímicos recomienda, sin querer queriendo, el abuso de los abonos de síntesis petroquímica, de los herbicidas y de otras sustancias agresivas con el suelo. 

El subsuelo es de la nación por aquello de la minería del oro y otros metales,  de la extracción de petróleo, etc. El suelo queda a disposición de agricultores y ganaderos para deteriorarlo en la mayoría de los casos, en un claro “detrimento patrimonial” como si tal pérdida fuera sólo para ellos. 

Resulta que el suelo y la vegetación que sobre él prospera ofrecen a la sociedad servicios ambientales de primer orden.

 El suelo interviene con la vegetación en la regulación hídrica para evitar que todo el  volumen de una lluvia llegue  rápidamente y sin control a las fuentes superficiales de agua como los ríos y las quebradas, lo cual ocasiona inundaciones que cobran  la destrucción de viviendas, carreteras, puentes, cultivos y pérdidas de vidas humanas.

Además, las aguas torrentosas no reguladas arrastran sedimentos que dificultan la operación de los acueductos y llena de sedimentos a las represas hidroeléctricas, disminuyendo su vida útil.

Para cuando llegan los meses de menor cantidad de lluvias, la regulación hídrica permite una menor disminución de los caudales de los ríos para que no se paralicen los servicios de acueducto ni se deje de hacer labores de riego de cultivos sedientos.  Por desregulación hídrica se afecta la navegabilidad de los ríos.

 Otro servicio ambiental favorecido por el suelo a través de la vegetación que crece sobre él es el aporte de oxígeno y la captura de CO2.  Por el CO2 y otros gases de invernadero, el globo terráqueo se está calentando con consecuencias para la vida de los humanos y la producción de alimentos.

 Con una buena calidad del suelo, la vegetación proporciona mejores servicios ambientales.     

A las diferentes instancias gubernamentales  pueden enjuiciarlas por detrimento patrimonial, pero ni los ministerios de Agricultura ni del Medio Ambiente, ni las corporaciones regionales dicen algo para detener el detrimento patrimonial del suelo.

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