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Mientras hay quienes luchan por exterminar a estos destructivos insectos, un grupo de investigadores de la Universidad del Norte trabajamos en entender su biología y costumbres, vitales para el equilibrio de los ecosistemas. Es mucho lo que podemos aprender de las termitas.

A diferencia de otros científicos en el área, en Colombia hay una ventaja: hay muchísimas especies. Por ahora uno de los principales retos es levantar información primaria de las especies colombianas, pues la conocida en las redes científicas y los grupos de investigación es escasa. 

En nuestro país guardan celosamente colecciones de insectos y aún es insuficiente el personal que se dedica a estudiar las termitas a tiempo completo. Los registros que se tienen sobre estos insectos en Colombia datan de poco más de 20 años, y los principales aportes tienen que ver con especies de plagas en cultivos de interés comercial como las maderas y frutas. Pero existe actualmente un enorme desconocimiento sobre las especies que viven en zonas silvestres y en lugares apartados.Este año identifiqué dos nuevas especies, a las cuales bauticé con nombres tan colombianos como el sombrero volteao. Las dos fueron halladas en la región Caribe y se suman a las alrededor de 3.150 especies de termitas que están identificadas en el mundo; un número cercano al de especies de seres vertebrados que habitan el planeta.

La primera fue una termita de madera seca del género Proneotermes, de cuyo más reciente pariente cercano fue descrito en el año 1911. Fue bautizada Proneotermes macondianus en honor al escritor Gabriel García Márquez y su obra cumbre ‘Cien años de soledad’. También la llamé así para representar el olvido del microcosmos de nuestra biología. Particularmente, esta especie fue olvidada por más de 100 años, pero ahora tiene nombre y será recordada por muchos. 

A la otra especie la bauticé Cryptotermes colombianus, perteneciente a la familia de las Kalotermitidae. Fue descubierta en inmediaciones del Parque Tayrona, en Santa Marta, cuando en 2015, recolecté una muestra de termitas del bosque seco tropical de esa zona. Esta es la quinta especie del género Cryptotermes que se reporta en el país, pero la primera con una descripción.

Mi trabajo está enfocado en aprender más a fondo sobre la ciencia básica que rodea a estos pequeños insectos. De este modo se pueden identificar conductas y modos de vida de las colonias. Por ejemplo, se puede aprender mucho de la arquitectura e ingeniería de sus nidos, que son verdaderos modelos de inspiración para cualquier urbanizador. 

Hace poco menos de dos años Harvard logró diseñar un robot capaz de imitar el modelo que usan las termitas para construir sus nidos estables, sólidos y funcionales. A pesar de que ellas son muy pequeñas, de no tener un plano ingenieril diseñado y, además, de ser ciegas, de no tener un jefe que dé órdenes, han sabido edificar estructuras que podrían llegar a ser tan altas como un poste de luz”, asegura el científico.

Quizás si la gente entendiera mejor este mundo de miniaturas, las vería con otros ojos. Y quizás si supiéramos más sobre ellas, aprenderíamos a convivir con estos pequeños organismos. Aunque es cierto que son una de las plagas más dañinas y difíciles de combatir en los hogares. Pero la mejor forma de combatir algo es conociéndolo. Y una de las primeras cosas que hemos de saber es que las termitas tienen una de las estructuras sociales más complejas y enigmáticas presentes en el reino animal; por lo tanto, su supervivencia es una de las áreas donde más se han especializado.

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