La implementación de la normatividad sanitaria exigida por el Ministerio de la Protección Social y el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) para la fabricación de la panela se ha convertido en un proceso complejo para los propietarios de los trapiches, debido a que la mayoría son campesinos que carecen de recursos para comprar la maquinaria que les exigen.

‘En la parte de la adecuación de infraestructura para la producción de panela el proceso ha sido lento, tan solo un 10% de las empresas cumplen con la resolución totalmente. Pero hay un plazo que cada productor puede pactar con el Invima de acuerdo a un plan de mejoramiento’, señaló Mauricio Ángel Riveros, coordinador del sistema de información de Fedepanela.

De acuerdo con Francisco Alberto Arboleda, integrante del trapiche comunitario de la vereda San Pablo del municipio de Guadalupe en Antioquia, las condiciones de los trapiches de la zona son muy bajas porque el acondicionamiento es costoso y los paneleros no cuentan con dinero. En la vereda tan solo 5 de 42 trapiches se han tecnificado.

Existe el interés Sin embargo, Cristian de la Hoz, subdirector de alimentos del Invima, resaltó que en este momento ha habido una gran aceptación por parte de los paneleros, ya que ante el Instituto se han registrado 18.000, y este registro antes que generar un requisito, es una forma de medir el estado de los trapiches porque al momento de inscribirse el propietario suministra una información valiosa para poder evaluar cuáles son las condiciones sanitarias.

‘Con ese registro los paneleros pueden recibir un auxilio o crédito en el Banco Agrario que le permite mejorar su infraestructura.

Esto, sumado al trabajo que ha venido realizando Fedepanela con el sector, ha dado muy buenos resultados’, afirmó el funcionario. Según Ángel Riveros, para que un trapiche quede funcionando con la norma necesita alrededor de $60 millones, ‘y esto es un problema porque inventan resoluciones pero no les dan una colaboración’.

Aunque hay subsidios, estos solo se obtienen vía crédito con el Incentivo a la Capitalización Rural (ICR), y el problema es que los campesinos no tienen como acceder a un préstamo grande. ‘Con Fedepanela hemos llegado a la conclusión de que es complejo ayudar a todos los trapiches que existen, por eso una alternativa es adecuar tecnológicamente a algunos para que otros lleven allí la caña’, dijo Jesús Bustamante, representante legal de la Asociación Multiactiva de Argelia Valle del Cauca (Asopri).