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Así se han comportados los pasados fenómenos de El Niño en los últimos 10 años

Un análisis técnico revela cómo las anomalías térmicas han intensificado su impacto en las regiones Caribe, Andina y Pacífica
Natalia Albor Rojas
10 de abril de 2026

Nuevamente el país se prepara para la probabilidad del desarrollo y consolidación del fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026. Tras una breve fase neutral entre abril y junio, se espera calentamiento gradual de las aguas del Pacífico, amenazando con registrar anomalías térmicas que podrían alcanzar los +2,5 °C, situando este episodio del Niño como uno de los tres más intensos de los que ha vivido el país.

Para comprender la magnitud de lo que este periodo bajo condiciones de El Niño traerá, es necesario analizar la presencia que ha tenido en años anteriores y las consecuencias térmicas que dejó en 2010, 2016 y 2024. Donde se puede apreciar como los mapas de calor se ven cada vez más pintados de tonos cálidos, revelando un patrón de calentamiento progresivo y regiones que periódicamente se convierten en el epicentro de la emergencia.

Al respecto, Leidy Johanna Rodríguez Castro, Meteoróloga Senior y Magíster en Meteorología, explica que si bien el fenómeno es natural y cíclico, el cambio climático está provocando impactos más intensos, con temperaturas más altas y sequías más prolongadas que aumentan la vulnerabilidad del país.

Al observar el mapa de calor a finales de 2009, que marcó el inicio del ciclo que se extendió hasta 2010, se evidencia la concentración de calentamiento hacia el oriente del país. La mancha térmica de colores cálidos se pintó con fuerza sobre la Orinoquía, donde el aumento de condiciones secas disparó el riesgo de incendios forestales. Sin embargo, el impacto no fue exclusivo en esta zona pues, la mayoría de las ciudades en las regiones Caribe y Andina presentaron anomalísa de hasta 2°C por encima de lo normal, y en casos específicos como el departamento del Cesar, las temperaturas sobrepasaron los 38°C.

Esta consecuencia fue una señal de alerta temprana sobre la fragilidad que se tenía en el sistema energético nacional, pues los niveles de los ríos Magdalena y Cauca descendieron de forma acelerada, situando el volumen útil de los embalses cerca de 64%. Rodríguez enfatiza en que estas condiciones siempre impactarán directamente la energía por la reducción de los niveles de agua y la agricultura por la pérdida de cultivos.

Seis años después, en 2016 el mapa de calor en febrero demostró una realidad mucho más agresiva y se consolidó como uno de los más fuertes de la historia junto a los presentados en 1997-1998. La mancha térmica se intensificó con anomalías que superaron los 5°C en zonas como el Cesar, Bolívar, la Guajira, Boyacá, Huila y Tolima. En este año la falta de lluvias y el calor sofocante dispararon las alertas por incendios forestales en el Caribe y la región Andina además de reducir el caudal de los ríos.

La experta señala que, la región Caribe es la más afectada por sequías prolongadas, seguida de la Andina, donde además del golpe a los embalses, aumenta el riesgo por heladas meteorológicas en las zonas altas.

El mapa más reciente, correspondiente a febrero de 2024, y se confirma que el calentamiento global está potenciando estos fenómenos, pues pese a que su intensidad comenzó a debilitarse a finales del trimestre, las anomalías positivas más altas se concentraron con severidad en la región Pacífica y el centro de la región Andina. Las anomalías negativas se registraron en áreas puntuales de La Guajira, Boyacá, Casanare, Vichada y Putumayo. La recurrencia de estas manchas rojas en los registros oficiales del Ideam advierten sobre la necesidad de vigilancia constante, especialmente en sectores como la agricultura y la salud, donde se incrementan las enfermedades tropicales.

Como cierre ante el panorama que se proyecta para los próximos meses, la meteoróloga Rodríguez advierte que "el fenómeno de El Niño no es nuevo ni se puede evitar". Subraya que, aunque aún es prematuro definir con precisión su categoría e impactos finales para este nuevo ciclo, de consolidarse como se tiene previsto, "podría coincidir con la temporada de menos lluvias de inicio de año, aumentando nuestra vulnerabilidad". Por ello, la científica concluye que prepararse desde ahora, cuidar el recurso hídrico y tomar decisiones institucionales y ciudadanas oportunas será la única vía efectiva para reducir los efectos de un mapa de calor que amenaza con volver a encenderse con intensidad.

 

 

 

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