Comentarios Arnulfo Trujillo Díaz

La soberanía alimentaria de Colombia: un propósito que nos debe unir

08 de enero de 2026
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En Colombia poco se habla de soberanía alimentaria; incluso, muchos no saben a qué se refiere. La soberanía alimentaria no es un concepto, un tecnicismo ni una frase estratégica de discurso. Es la base silenciosa que debería sostener la estabilidad y el futuro de cualquier nación.

La soberanía alimentaria es la capacidad de un país para producir, distribuir y consumir sus propios alimentos de forma saludable y sostenible, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO.

El problema es que nuestra capacidad de producir alimentos se reduce año tras año. Hoy Colombia es menos autosuficiente y se ha acostumbrado a depender de los mercados internacionales. Es una deuda histórica que seguimos acumulando y parece que nuestros gobernantes no dimensionan la magnitud del riesgo.

Justamente, en el primer semestre de 2025, el maíz amarillo nacional participó con apenas 7% de la demanda, y el maíz blanco con 47%; el fríjol nacional, con 33%, y la soya se proyectó en 35% al cierre del año. Los precios internacionales bajos, la desprotección arancelaria, el clima adverso y un dólar débil incentivaron mayores importaciones y desincentivaron la siembra local.

Un país que no produce lo que come es un país que, tarde o temprano, pierde más que sus cultivos: pierde su libertad. Por eso, recuperar la producción nacional no es una opción; es una obligación.

Es momento de tomar acciones y revertir la tendencia. Ante este escenario, en Fenalce estamos fortaleciendo la asociatividad para impulsar la producción y comercialización de cereales, leguminosas y soya; más de 150 asociaciones ya cuentan con apoyo para mejorar sus capacidades técnicas, administrativas y organizativas. Además, estamos impulsando estrategias como la rotación de cultivos, que permite aumentar la productividad, mejorar los suelos y romper ciclos de enfermedades y plagas.

También avanzamos en la multiplicación de semillas de maíz, soya, fríjol caupí, fríjol calima, arveja, cebada y avena, cuyos materiales han mostrado rendimientos de 100%. Hemos entregado más de 33.400 kilos de semillas de maíz y fríjol caupí a 1.670 familias.

A esto se suman las alianzas con diferentes gobernaciones para impulsar la rotación con soya y maíz, así como la infraestructura para secado, procesamiento y almacenamiento, entre otros, y el trabajo con la industria para garantizar los temas de mercado.

También hemos firmado convenios con entidades como Agrosavia, el SENA, universidades y organismos internacionales como el INTA de Argentina, el Cimmyt de México y el Iica.

Sin duda, estas iniciativas muestran que es posible recuperar la producción nacional, pero también dejan claro que nuestro país requiere una política clara y contundente que proteja nuestra comida y a nuestros agricultores.

Hoy, cuando el país está a punto de definir nuevos líderes, hacemos un llamado a la clase política: incluyan la soberanía alimentaria en el corazón de sus propuestas. No como un adorno programático, sino como una política de Estado.

La industria y el comercio también deben asumir su responsabilidad. Somos conscientes de que solos no podemos; necesitamos el compromiso de todos.

Amigos agricultores, defendamos juntos la soberanía alimentaria como un derecho y un proyecto común.

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