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Los suelos en Colombia agonizan

08 de septiembre de 2015
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El territorio está agonizando pero la problemática no despierta ningún tipo de interés de las autoridades ambientales.

Según el Ideam, cerca de 19 millones de hectáreas son ricas para la agricultura, 17% del total del territorio nacional, están a punto de perderse por culpa de la erosión. El problema se convirtió en paisaje porque al parecer a nadie le interesa.

Esto está afectando seriamente la producción agrícola y la seguridad alimentaria. También preocupa la condición de los cuerpos de agua (lagos, lagunas, etc) que se están contaminando. Sus principales repercusiones se perciben en la pesca, en la producción de energía eléctrica y en el suministro de agua potable para consumo o riego, por mencionar solo algunas.

Como dato preocupante, la erosión está presente en el 33% de los suelos que sirven para conservar los bosques naturales. Se calcula que hay 3’453.000 hectáreas que están seriamente afectadas en las que se ubican cuencas abastecedoras de embalses con fines energéticos, agropecuarios y acueductos municipales.

Sus causas son de toda índole. Entre las principales se destacan los incendios generados por sequías, fogatas o demás prácticas inadecuadas como quemas en los montes; la deforestación con la que se busca nuevas tierras productivas y que implica tala masiva de árboles; la ganadería, generando compactación del suelo y sellamiento de poros que impide que el ingreso del agua a la superficie; la agricultura, especialmente en zonas de ladera; y la minería (legal o ilegal).

Las consecuencias ya son evidentes en el territorio nacional. La desertificación, la sedimentación, la pobreza, la contaminación de cuerpos de agua, la alteración del ciclo hidrológico, la pérdida de la biodiversidad y la variabilidad del clima.

Palabras más, palabras menos, una emergencia alimentaria nos espera a la vuelta de la esquina. Los datos oficiales no mienten: Cerca del 73% de los suelos aptos para la agricultura presenta algún grado de erosión y el 51% de los suelos con vocación para sistemas agropecuarios y forestales está seriamente afectado, lo que generaría pérdidas económicas por más de $25.000 millones.

Otras cifras indican que de los cerca de 114 millones de hectáreas que contiene el territorio colombiano, el 3% de éstas tiene erosión severa y muy severa; el 17%, erosión moderada; y el 20%, erosión ligera.

Más allá de las crudas cifras, lo que más preocupa es la situación de los departamentos, pues se calcula que más del 50% de ellos su suelo está seriamente comprometido. El Cesar, por ejemplo, cuenta con el 82% de su superficie afectada; le sigue La Guajira, con el 79%; Magdalena, con el 77%; y finaliza Huila, con el 73%.

Por áreas hidrográficas la situación también es alarmante. La información oficial indica que las más afectadas son el Magdalena - Cauca, donde la erosión alcanza 19 millones de hectáreas, es decir el 74% del total de su territorio; y el Caribe, con 5 millones, o sea, el 52% de su superficie. Los nuevos focos, según los expertos, están en Ipiales y Barbacoas (Nariño), San Martín y Puerto López (Meta), Orito (Putumayo), El Retorno (Guaviare) y Florencia (Caquetá). Si no se interviene y se toman decisiones a tiempo, estas zonas podrían constituirse en fuentes de sedimentos, contaminación de cuerpos de agua y generación de amenazas y riesgos.

En conclusión, nuestro territorio está agonizando pero la problemática no despierta ningún tipo de interés de las autoridades ambientales. Poco y nada se ha hecho para mejorar la situación de los suelos del país.

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