Agro

La producción de trucha se está convirtiendo en el nuevo motor económico del Cauca

Debido a la escasez de tierras, los comuneros identificaron las riquezas de sus ríos y comenzaron a implementar la piscicultura
Natalia Albor Rojas
08 de julio de 2026

En las altas montañas de los Andes, más exactamente en el Cauca, una especie de pescado llegaría para integrarse con las truchas que habitaban en el río Piendamó. Lo que comenzó como un proceso de adaptación para la especie proveniente de Norteamérica, a mediados del siglo pasado, se convirtió con los años en el motor económico de miles de familias de la comunidad indígena Misak.

Debido a la escasez de tierras, los comuneros identificaron las riquezas de sus ríos y comenzaron a implementar la piscicultura, transformando la trucha arcoíris en un símbolo de su reconstrucción social, cultural, ambiental y económico. Este tipo de proyectos han sido liderados por autoridades de la comunidad como Víctor Cuchillo, quien ha mantenido activas las organizaciones locales y proyectos familiares.

Esta transición no solo redefinió el uso del espacio rural en el departamento, sino que también estructuró un modelo de resistencia pacífica frente a las dinámicas del conflicto armado interno que históricamente han afectado a esta zona del suroccidente colombiano.

La abundancia hídrica de los páramos andinos brindó un excelente escenario para que esta especie se adaptara a las corrientes frías y cristalinas del territorio. Con el tiempo, el conocimiento ancestral de los Misak se fusionó con técnicas modernas de manejo de estanques, permitiendo consolidar una alternativa económica sostenible, viable y respetuosa de la cosmovisión de la comunidad.

Entre 1980 y 2010, periodo considerado como la época dorada de Guambía, el municipio llegó a consolidar 103 estaciones piscícolas activas. Según Cuchillo, en esos años la producción de trucha alcanzó entre 80 y 120 toneladas mensuales, que se comercializaban principalmente en Cali, Medellín, Armenia, Pereira, Popayán e Ibagué.

El impacto de la pandemia paralizó las ventas durante un año y redujo los ecosistemas productivos. Actualmente, Guambía cuenta con 30 estaciones piscícolas, aproximadamente, que sostienen una producción mensual estimada de 60 a 70 toneladas.

En el mercado nacional, la producción reportada en 2025 para esta especie alcanzó 36.025 toneladas, cifra que equivale a 16% del total de productos acuícolas del país. Los departamentos más representativos en esta actividad son Boyacá, que lidera con 27%; seguido de Nariño, con 20%; Antioquia, con 15%; Risaralda, con 14%; y Cauca, con 12%.

El porcentaje restante de la oferta truchera se distribuye entre Cundinamarca, Norte de Santander y otras regiones que cuenten con las condiciones térmicas aptas para el desarrollo de estos peces.

La viabilidad comercial de este alimento está estrechamente ligada con los costos de producción. Criar un lote de 10.000 cabezas de truchas demanda en la actualidad una inversión de $33 millones, necesarios para cubrir un crecimiento que dura entre siete y ocho meses.

A menor escala, el administrador de la Piscicultura Santa Clara, Luis Tunubala, señala que sembrar un lote promedio de 5.000 peces requiere cerca de $10 millones. Estos recursos se destinan principalmente a la compra de alevinos o semillas y al alimento concentrado balanceado, el cual representa el mayor gasto en la producción.

Tunubala afirma que empresas nacionales como Itacol, Solla y Contegral proveen el bulto de alimento con pigmento a un precio promedio de $270.000, mientras que el de levante cuesta $284.000. Un lote promedio consume cerca de 40 bultos mensuales. Al momento de la cosecha, las truchas alcanzan un tamaño comercial de tres unidades por kilogramo. Con un precio de venta local de $18.000 por kilo, un lote de 5.000 peces puede generar ingresos de entre $20 millones y $22 millones. Sin embargo, los productores y administradores de la zona señalan que se deben considerar los costos operativos de mantenimiento.

Cuchillo advierte que para que este negocio sea rentable las siembras deben ser superiores a 5.000 unidades, ya que las producciones artesanales de 2.000 o 3.000 truchas difícilmente generan utilidades sostenibles debido al trabajo continuo de 24 horas que exige la actividad.

El mantenimiento diario de los estanques es un factor clave en el proceso de producción para disminuir los riesgos biológicos y ambientales. Los piscicultores deben realizar el lavado y la desinfección de las estructuras cada tres días para evitar que los excrementos y residuos de alimento se acumulen y causen enfermedades en las especies, como el punto blanco y la hemorragia interna.

La piscicultura de Cauca se proyecta hacia varios mercados internacionales como Venezuela, Estados Unidos y Brasil, donde el kilo de trucha procesada se cotiza en $80.000.

Es por esto que el sector trabaja en la obtención de certificaciones de calidad, como el sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, para consolidar su expansión.

Pese a las barreras económicas y el poco apoyo estatal, la trucha es un símbolo de soberanía en el Cauca. La venta se transformó a un modelo familiar donde comerciantes Misak recogen el producto en las fincas; lo que permitió descentralizar el negocio y a su vez permitió dinamizar la economía regional, sosteniendo la autonomía financiera de los hogares andinos junto a productos como el queso, la fresa y la cebolla.

Estas actividades productivas impulsan el desarrollo de Cauca, al posicionarlo como un territorio de valor cultural, referente de la industria agrícola y nuevo eje turístico.

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