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Durante el último lustro uno de los mayores debates ciudadanos que se ha dado es el de las corridas de toros, una actividad con la que algunos sienten identidad cultural y un modo de vida y que otros creen que debe ser prohibida por el maltrato animal en estas actividades taurinas.

Durante la madrugada del jueves, en el Senado se aprobó el proyecto de ley 085 de 2022, que prohibirá progresivamente las prácticas de entretenimiento con animales, que incluye a las corridas de toros.

Aunque todavía faltan dos debates en Cámara de Representantes, donde el gremio taurino es fuerte, Andrea Padilla, ponente del proyecto de ley, explicó que “esta es la demonstración de que estamos en un momento de transición, tanto el Gobierno como el Congreso han entendido que la opinión pública quiere cambios y de fondo y no solo en temas clásicos de derechos humanos sino en el relacionamiento con la naturaleza”.

El proyecto inicial incluía corralejas, corridas de toros y peleas de gallos, pero en la Comisión Quinta las corralejas se eliminaron de la prohibición y quedaron incluidas para a efectos de reglamentación y, en la plenaria del Senado, salieron las peleas de gallos.

“Avancemos con la prohibición de las corridas de toros, con la visión de progresividad, reglamentación de corralejas, eliminando instrumentos cortopunzantes, prohibiendo la participación de menores de edad, la comercialización y el consumo de bebidas embriagantes”, agregó.

En los próximos se debatirá la prohibición de corridas de toros becerradas, novilladas, tientas y rejoneo, que entraría a regir dentro de tres años y en esa transición, quienes quieran hacerlas no pueden matar al toro ni usar elementos cortopunzantes.

“Tampoco se podrán vender ni consumir bebidas embriagantes y destinar 30% de la publicidad a informar del sufrimiento que padecen los animales y con la totalidad de los gastos de operación asumidos por el organizador del evento taurino, con una carga de responsabilidad para el alcalde que autorice sin el cumplimiento de estos requisitos”, explicó la senadora.

Otros de los elementos del proyecto tienen que ver con corralejas sin elementos cortopunzantes, prohibición de menores de edad y de comercio de bebidas embriagantes. Además de la creación de una cátedra de protección animal de impartición obligatoria en todos los colegios públicos del país.

Over Jelaín, más conocido como Gitanillo de América, un torero que inició su carrera cuando era muy joven en la década de 1980 y se convirtió en el presidente de la Unión de Toreros de Colombia, afirmó que “la Corte Constitucional siempre nos ampara y nos avala, de que todo esto tiene que proceder en el Congreso, se habían hundido tres proyectos porque no cumplen con los ejercicios que se le pide a los Congresistas”.

El líder gremial aseguró que “en Cámara somos más visibles, defenderemos nuestras tradiciones culturales y nos daremos en la tarea de llevar a representantes para que se den cuenta de que no los maltratan”.

También añadió de que no están siguiendo las órdenes de la Corte Constitucional, y que tienen que hacer un ejercicio en el que se condicione por lo que la gente tiene es un arraigo cultural.

Un poco de historia

Muchos historiadores concuerdan en que las actividades taurinas tuvieron un cambio radical a finales del Siglo XIX. En algunas regiones la dinámica era similar al de las corralejas y no concluía con la muerte del animal, tampoco existían las cuadrillas de banderilleros.

“Entre 1761 y 1770 el rey Carlos III concedió permiso al gobernador de Cartagena, marqués de Sobremonte, para que se realizaran festejos taurinos. Sin embargo, sólo a finales del siglo pasado se realizaron las primeras corridas en la ciudad con toreros de algún renombre y cuadrillas organizadas”, escribió Fernando Tavera Aya, historiador.

Según escribió Jorge Humberto Ruiz, profesor y sociólogo de la Universidad Nacional a Distancia, estas corridas de toros tenían lugar en celebraciones civiles, tales como el nombramiento de un virrey o las fiestas religiosas. “Esta práctica hacía parte de los rituales de recreación dentro del sistema social y político colonial. Luego, en tiempos de la República, las corridas de toros pasaron a formar parte de las fiestas patrias celebradas cada 20 de julio desde 1849, es decir, siguieron estando vinculadas con un ritual civil cuya función era sustentar la legitimidad del orden republicano”.

Entonces, desde finales de Siglo XIX, hubo un cambio en la forma de hacer las corridas de toros, y Bogotá se volvió el epicentro de estos eventos, se prohibió la entrada de los espectadores y llegó la tradición desde España de ingresar a los banderilleros y la muerte del animal.

“Entre 1890, cuando se construyó la Plaza de La Bomba, y 1931 cuando se erigió la Plaza de Toros Santa María, funcionaron en la capital diecinueve plazas de toros más o menos estables en distintos sectores de la ciudad”, escribió Tavera Aya.

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