Agro

Cambios bruscos de temperatura, un riesgo creciente para los cultivos de ciclo corto

Los cambios bruscos de temperatura pueden afectar la fisiología, reducir cosechas y exigir anticipación climática por parte de los productores
Natalia Albor Rojas
30 de enero de 2026
Bloomberg

Los cambios bruscos de temperatura se han convertido en una de las principales problemáticas que presenta el sector agrícola en sus cultivos, especialmente en los que tienen un ciclo corto. Estos cambios, cada vez más frecuentes por la alta variabilidad climática afectan directamente el desarrollo fisiológico esencial de las plantas, reduciendo los rendimientos, y en algunos casos, provocando pérdidas totales de las cosechas, especialmente en sistemas productivos con baja capacidad de adaptación.

De acuerdo con el agrónomo y magíster en desarrollo rural Jayson Alzate Calixto, cuando se presentan aumentos o descensos repentinos de temperatura se genera un estrés abiótico que debilita la planta, la hace más susceptible al ataque de plagas y enfermedades que termina afectando su rendimiento productivo. En escenarios extremos, las altas temperaturas pueden provocar quemaduras que llevan a la pérdida total de la cosecha.

Estos cambios afectan etapas claves como la polinización, el macollamiento y el llenado de grano, especialmente en cultivos como maíz, arroz, soya y cebada. Según el agrónomo Jorge Luis Castellanos, ante estas condiciones las plantas activan mecanismos de defensa que reducen su capacidad reproductiva, limitan los indicadores de producción y aumenta la producción de ácido abscísico, una hormona asociada al estrés ambiental.

La vulnerabilidad de los cultivos varía según la región y el tipo de especie. En zonas frías del país, las hortalizas y la papa son unas de las más afectadas a los choques térmicos, mientras que en climas cálidos, cultivos como el maíz y el arroz presentan alta sensibilidad.

La cebada es especialmente vulnerable a las heladas en climas fríos, por su parte, cuando el arroz se expone a temperaturas altas constantes, tanto de día como de noche, afecta negativamente el proceso de polinización.

Las consecuencias productivas ya son visibles en diferentes regiones del país. Entre los principales impactos se encuentran el vaneamiento del grano de arroz, la reducción del llenado en las hileras del maíz, granos de menor tamaño y peso, así como un incremento en la incidencia de enfermedades y problemas fitosanitarios.

Frente a este panorama, los expertos coinciden en la importancia de implementar prácticas agronómicas que ayuden a mitigar el estrés térmico; Alzate destaca el papel del riego eficiente, el uso de productos como aminoácidos para ayudar a desestresar las plantas y la necesidad de mantener una fertilización adecuada, ya que un cultivo bien nutrido es menos susceptible a los efectos del estrés climático.

Por su parte, Castellanos resalta la selección de variedades adaptadas a cada zona, con el acompañamiento de entidades como Fenalce y Fedearroz, así como la incorporación de herramientas tecnológicas para planificar fechas de siembra y adoptar medidas preventivas, como la aplicación de azufre en zonas propensas a heladas y una adecuada distribución del riego cuando el sistema productivo lo permite.

Por último, la anticipación es clave en este para enfrentar enfrentar un contexto de mayor variabilidad climática, por esto se destaca el uso de la tecnología para acceder a aplicaciones y programas de monitoreo climático, así como mantenerse al tanto de la información emitida por entidades públicas y privadas como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, que ofrecen pronósticos climáticos y orientaciones técnicas, además de apostar por la siembra de variedades más rústicas y tolerantes al estrés térmico.

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