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Esto ha acuñado la frase de la ‘finca a la mesa’ y en realidad tiene parte de su origen en la enfermedad de las ‘vacas locas’ en el Reino Unido, cuando se despertó la exigencia del consumidor por saber detalles de dónde provienen los productos que consume, cuál es su tratamiento y en qué condiciones llega a sus manos.

“Esa inquietud del consumidor permite que la industria pecuaria y ganadera implemente los sistemas de trazabilidad y en efecto se desarrollen. De manera tal que en el caso de los animales se identifique dónde nació y se crió, dónde fue su objeto productivo, dónde se sacrificó, entre otros. Lo que quiere el consumidor es adquirir productos sanos e inocuos”, dijo el coordinador nacional del programa de trazabilidad del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), Germán Serrano.

Pero ¿en Colombia qué se ha adelantado en trazabilidad?
El director del programa de Medicina Veterinaria de la Universidad de La Salle, Juan Fernando Vela, señala que esos procesos en la parte pecuaria son complejos porque en el país no se tiene una cultura de gestión agropecuaria y de integración de procesos. “Hacer ese tipo de actividades no está en nuestra cultura y muchas veces no está en nuestra competencia para hacerlo. Muchos de los programas que se diseñan en este sentido son para grandes productores y no se tiene en cuenta que el sector agropecuario colombiano está compuesto en su mayoría por pequeños”, sostiene.

En concepto de este académico, Colombia podría estar más avanzada en el tema, pero de hecho es un proceso que apenas empieza. Sin embargo, Serrano indica que, precisamente, el ICA empezó este año el proyecto de Sistema de Identificación, Información y Trazabilidad Animal, con el cual busca tipificar y darles seguimiento a los animales del campo, para implementar esa cultura.

Lo que Serrano defiende, es que crear la confianza y la fidelidad entre los consumidores de alimentos pecuarios, no necesariamente es con la única intención de ir a mercados internacionales. Dijo que el consumo interno ya exige la trazabilidad.

Por ello indicó, que el programa está inserto en cuatro componentes que resume en una debida gestión sanitaria, asegurar la inocuidad desde el origen, dar lugar a la consolidación de zonas de excelencia sanitaria e impulsar un plan nacional de mejoramiento genético bovino.

Para esta tarea el ICA se propuso un plan piloto en 2014 consistente en identificar 2 millones de cabezas, que según explicó Serrano, es la ruta que permitirá dar cobertura en el tiempo a la identificación de la totalidad del hato colombiano que se estima entre 23 y 24 millones de cabezas.

“Entre los beneficios que ofrece un sistema de trazabilidad y de identificación está la prevención de acciones de abigeato y de contrabando, se obtiene una gestión sanitaria adecuada, hay una articulación con los programas de sanidad animal como para el control de brucelosis y tuberculosis y se establecen guías de movilización interna”, agregó.

¿Se elevan costos?
El sistema de identificación se estableció bajo la Ley 914 de 2004, que involucró ganado bovino y bufalino. Sin embargo se adelantó el trámite de una nueva norma que da cobertura a otras especies animales. Algunos de los interrogantes que han aflorado frente a los esquemas de trazabilidad pecuaria, es si esos proceso pueden subir los precios al consumidor y si en un país como Colombia son necesarios, teniendo en cuenta que el mercado es interno. Germán Serrano del ICA, dice que el mercado interno sí está exigiendo esquemas de trazabilidad.

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