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Si un cachorro muestra síntomas como cambios repentinos en el comportamiento, inapetencia, cólicos, diarrea y vómitos, es muy posible que esté contagiado con el parvovirus, una enfermedad vírica que ataca la parte gastrointestinal de los caninos y que puede ser potencialmente mortal. Suele presentarse a partir de las cuatro semanas de vida y se da principalmente en cachorros, aunque los perros adultos no están exentos de padecerla.

Según indica la médica veterinaria Verónica Escobar, gerente de Vital Clínica Veterinaria, son varias las razones por las cuales los cachorros están más expuestos que los perros de mayor edad. “Un adulto suele tener en el cuerpo una mejor reserva energética que le ayuda a salir avante de una enfermedad que puede durar hasta 10 días. Los cachorros, en cambio, no manejan reserva de grasa y tampoco tienen de dónde sacar nutrientes, por lo que con ellos es mucho más difícil. Pero si un perro adulto no está vacunado, es igual de grave”.

La vacunación es la principal arma para enfrentar el parvovirus. “Si hay algún vacío en el esquema de vacunación, bien sea porque la dosis no fue aplicada de manera temprana o porque la vacuna no era de procedencia adecuada, la enfermedad puede acabar con la vida del paciente”, afirmó.

La primera dosis de esta vacuna debe aplicarse cuando los animales tienen 45 días de nacidos, con refuerzos a las 8 y a las 12 semanas. De ahí en adelante, se sugiere un refuerzo anual, que se aplica junto con otros biológicos destinados a prevenir enfermedades como el moquillo, la leptospirosis y la conocida como ‘tos de perrera’.

LOS CONTRASTES

  • Verónica Escobar Gerente de Vital Clínica Veterinaria

    “Si hay algún vacío en el esquema de vacunación y la dosis no fue aplicada de manera temprana, la enfermedad puede acabar con la vida del paciente”.

No obstante, es importante que antes de la aplicación de la vacuna los propietarios de las mascotas se cercioren de la calidad de la misma, pues un manejo inadecuado podría acarrear problemas. “El parvovirus es una enfermedad muy prevenible pero esto depende exclusivamente de la vacunación. Hay casos, por ejemplo, de jornadas masivas en las que se pierde la cadena de frío o en las que los vacunadores no conservan de manera adecuada el biológico, lo cual puede hacer que la dosis no sea efectiva”.

El virus puede ser letal dado que, además de los primeros síntomas, durante el transcurso de la enfermedad los pacientes pueden comenzar a sufrir diarreas hemorrágicas y anemia. Este tipo de signos clínicos suelen aparecer del cuarto día en adelante y requieren tratamiento especializado.

Una dificultad añadida es que algunos cachorros contagiados con el virus tienden a presentar la vía oral inhabilitada debido al vómito, lo cual hace imposible el suministro de antibióticos y de hidratación. En esos casos, el tratamiento debe ser obligatoriamente endovenoso. “Como veterinarios tenemos que hacer tratamientos de mantenimiento mientras el virus termina su ciclo y sale por sí mismo del cuerpo”, concluyó.

Buena higiene, otra forma de prevención

El parvovirus puede ser adquirido por los cachorros de diferentes maneras, siendo las más comunes el contacto oral o nasal con heces fecales de otros perros o con espacios contaminados. Por este motivo, antes de la vacunación, e incluso después de la primera dosis, se deben tener cuidados como evitar que el animal tenga contacto directo con pasto o con el piso en espacios abiertos, limpiar permanentemente collares, correas y guacales, y no permitir que interactúe con perros adultos no vacunados.

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