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Un estudio adelantado entre la Universidad de Kansas y la Universidad Nacional de Colombia, demostró que siete de las nueve especies de abejas sin aguijón, utilizadas primordialmente en meliponicultura y conocidas bajo el nombre de abejas angelitas, son propensas al daño debido al efecto del cambio climático, lo que causaría que perdieran hasta la mitad de sus entornos naturales y sus hábitats en el 2050.

Además de este hallazgo, se descubrió que las abejas tienen un rango de movilización muy restringido y no se pueden mover de un lado para otro. Sin embargo, muchas personas desplazan a este tipo de abejas por el auge de la meliponicultura (cría).

Las siete especies que podrían llegar a verse afectadas y que son altamente vulnerables al cambio climático en Colombia son la Frieseomelitta paupera, Nannotrigona gaboi, Nannotrigona melanocera, Nannotrigona schultzei, Paratrigona eutaeniata (abeja del cafetal) Scaura longula y Melipona eburnea (abeja boca de sapo).

Víctor Hugo González Betancourt, profesor asistente del programa de Biología de la Universidad de Kansas, mencionó que “muchas personas han movido colmenas, por ejemplo de Villavicencio hacia el otro lado de la cordillera en el valle del Magdalena; de Antioquia para Santander, o bajan de altitud especies que están en los Andes, causando una mortalidad grandísima”.

Preocupa más aún un panorama más alarmante ya que "no se incluyen, por ejemplo, cambios en el ambiente por tala de bosques o por el aumento de la agricultura”.

En Colombia se conocen alrededor de 600 especies de abejas. De estas, el grupo de abejas meliponinas o nativas sin aguijón suman alrededor de 100 especies, de las cuales entre 28 y 30 se usan para la meliponicultura.

En Colombia las abejas sin aguijón cumplen una función ecológica crucial, pues cerca del 60 % de sus 200 tipos de cultivos son polinizados especialmente por estos insectos.

Por otro lado, su cuota social se representa en el auge que ha tenido su cría para extraer miel y polen para productos de medicina natural.

Cabe resaltar que a partir de 2016, con la firma del Acuerdo de Paz, muchas comunidades campesinas e indígenas empezaron a implementar esta práctica; así mismo, varias entidades tanto privadas como gubernamentales e internacionales empezaron a promoverla con proyectos sustentables no maderables del bosque, en especial para brindar otra actividad y disminuir la pobreza en ciertas regiones.

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