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Detectan circovirus de caninos en jaguares, osos andinos y loros silvestres en Colombia

Una investigación de la Unal identificó circovirus canino en 31,6% de los mamíferos analizados y circovirus de paloma en 30% de las aves estudiadas
David Quintero Moreno
19 de octubre de 2026

Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, Unal detectaron por primera vez en el país circovirus canino en mamíferos silvestres como el oso andino, el jaguar, el ocelote y el coatí de montaña, así como circovirus de paloma en aves silvestres, entre ellas la guacamaya enana y el loro real. El estudio advierte sobre la necesidad de ampliar la vigilancia sanitaria de la fauna, aunque todavía no se ha establecido cómo llegaron los virus a estos animales ni si pueden causarles enfermedades.

La investigación fue adelantada por Laura Valentina Sánchez, magíster en Salud y Producción Animal de la Unal, junto con el Grupo de Investigación en Infectología e Inmunología Veterinaria (CI3V) de la Sede Bogotá. En el análisis de 19 mamíferos, seis dieron positivo para circovirus canino, equivalente a 31,6% de los ejemplares estudiados.

Entre los animales positivos se identificaron especies nativas como el oso andino (Tremarctos ornatus), el jaguar (Panthera onca), el ocelote (Leopardus pardalis) y el coatí de montaña (Nasuella olivacea). En el caso de las aves, 12 de los 40 ejemplares analizados, es decir, 30%, dieron positivo para circovirus de paloma. Entre ellos se encontraban la guacamaya enana (Ara severus) y el loro real (Amazona farinosa).

Los circovirus están entre los virus más pequeños conocidos: miden alrededor de 17 nanómetros de diámetro y tienen material genético compuesto por una sola cadena de ADN circular. Además, carecen de envoltura lipídica, una característica que les permite resistir determinadas condiciones ambientales y algunos desinfectantes. Se han identificado en aves, mamíferos, reptiles y peces, aunque sus efectos varían según el virus y la especie afectada.

El circovirus porcino es uno de los más estudiados debido a sus consecuencias sanitarias y económicas para la porcicultura. Por su parte, los circovirus canino y de paloma identificados en esta investigación no se consideran una amenaza conocida para la salud humana. Sin embargo, su presencia en fauna silvestre abre interrogantes sobre la circulación de estos agentes entre animales domésticos y especies que comparten determinados espacios.

“A pesar de que los animales dieron positivo, ninguno de ellos presentó síntomas clínicos, pero los hallazgos muestran la importancia de estudiar este virus, los antecedentes y qué puede generar en el individuo”, señaló Sánchez Quintana.

La detección de un virus no significa necesariamente que el animal esté enfermo. No obstante, algunos circovirus pueden afectar el funcionamiento del sistema inmunitario y aumentar la vulnerabilidad frente a otros agentes infecciosos. Por esta razón, la investigadora considera importante establecer qué consecuencias podrían tener estos hallazgos en las especies estudiadas y fortalecer las medidas de vigilancia.

Los investigadores estudian las posibles vías de transmisión

Uno de los interrogantes centrales es cuándo y dónde se contagiaron los animales. Según la investigadora, algunos ejemplares pudieron llegar infectados a los bioparques o centros de atención, mientras que otros pudieron exponerse al virus durante su permanencia en estos lugares. Sin embargo, los resultados disponibles no permiten confirmar ninguna de estas posibilidades.

En el caso de las aves, las muestras fueron tomadas de individuos que se encontraban en cuarentena. Una de las hipótesis es que hubieran llegado infectados desde sus lugares de origen. Otra posibilidad es que se hubieran expuesto al circovirus de paloma mediante el contacto indirecto con palomas grises (Columba livia), una especie introducida e invasora en Colombia que suele habitar parques, plazas y otros espacios urbanos.

“Aunque las aves del parque están en recintos enmallados, estas mallas no impiden que las palomas libres se posen sobre ellos y eliminen constantemente heces, uratos o secreciones que caen dentro de los hábitats”, explicó Sánchez.

Esta situación evidencia que las barreras físicas no siempre evitan la exposición a microorganismos presentes en el entorno. Aun así, determinar si esta fue la vía de transmisión requerirá nuevos estudios que permitan establecer cómo circulan los virus entre especies que comparten un mismo espacio.

La investigación también se relaciona con el enfoque de One Health o Una Salud, que reconoce la conexión entre la salud humana, animal y ambiental. Desde esta perspectiva, estudiar los agentes infecciosos que circulan entre animales domésticos y silvestres ayuda a comprender los riesgos asociados con los cambios en los ecosistemas y las interacciones entre especies.

“Esto es relevante porque la intervención humana y la fragmentación del hábitat han modificado las interacciones entre fauna silvestre, animales domésticos y humanos, facilitando la circulación de agentes virales”, afirmó Sánchez.

Hasta el momento, los resultados constituyen el primer registro reportado en Colombia de circovirus canino en los mamíferos silvestres analizados y de circovirus de paloma en las aves estudiadas. Aunque los hallazgos no demuestran que los virus estén causando enfermedades en estos ejemplares, sí aportan información para futuras investigaciones sobre su distribución, transmisión y posibles efectos en la fauna silvestre.

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