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La caída de los precios internacionales de los productos agrícolas debería rebajar la factura que los países más pobres del mundo pagan por las importaciones alimentarias, aunque el fortalecimiento del dólar estadounidense es motivo de “seria inquietud”, según advierte un nuevo informe de las Naciones Unidas, destacó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Las importaciones mundiales de alimentos podrían alcanzar un valor de US$1,46 billones en 2018, un 3% por encima del nivel del año anterior, pero ligeramente por debajo del pronóstico de julio, según indica Perspectivas alimentarias, publicación semestral de la FAO.

La bajada de los precios mundiales del café, té, cacao y azúcar está reduciendo los costes de importación, aunque se espera que el aumento de los costes de transporte compense ese efecto. Para los países menos adelantados (PMA) y los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos (PBIDA), las fuertes caídas en el precio internacional del azúcar están compensando el incremento de los costes de importar hortalizas y cereales.

En términos generales, las perspectivas para el suministro mundial de alimentos en el próximo año se mantienen en línea con las expectativas anteriores, con perspectivas de producción abundantes y niveles de inventarios que mantienen los precios bajo control. Sin embargo, la meteorología errática, las políticas comerciales y los tipos de cambio plantean incertidumbres crecientes, según la FAO.

Perspectivas alimentarias analiza las tendencias y la evolución en los mercados de cereales, de semillas oleaginosas, azúcar, carne, productos lácteos y productos pesqueros. La edición de noviembre ofrece también una evaluación detallada de los mercados de la yuca y del prolongado descenso de los precios internacionales del café. Un artículo especial estudia además las condiciones recientes del exceso de oferta y la disminución de los precios en los mercados mundiales del banano y las principales frutas tropicales, donde se prevé que el comercio mundial aumente en un 18% respecto al año pasado.

¿Qué se cuece en el mercado del café?

Los precios del café en los mercados internacionales están hoy en día un 45% por debajo -en términos reales- respecto a sus niveles en 2011, una caída prolongada que trae de nuevo a la memoria la crisis sufrida por el sector a principios de la década del 2000.

Dado que el café es el producto tropical más comercializado, y que genera importantes beneficios de exportación para los países que dependen de las importaciones para satisfacer sus necesidades de alimentos, la fuerte caída de los precios resulta preocupante, en especial porque afecta al nivel de vida de cerca de 25 millones de pequeños productores en el mundo, responsables del 80% de la producción global.

El papel del café puede ser prominente: supone más de dos tercios de las exportaciones agrícolas en Burundi y cerca de -o incluso más de- un tercio en Colombia, Etiopía, Honduras, Rwanda y Uganda, lo que tiene un importante efecto multiplicador sobre el empleo y los ingresos. así como sobre la presión migratoria, señala el economista de la FAO, El-Mamoun Amrouk.

Si bien hay varios factores que pueden influir -incluyendo un lento crecimiento del consumo y posiblemente una posición dominante excesiva de los principales torrefactores de café-, los precios bajos del café se deben en gran parte a que la oferta excede en conjunto a la demanda. Se espera que la producción de este año alcance los 170 millones de sacos -una cifra récord-, y se sume a los inventarios globales, que también están en un máximo histórico.

El mes pasado, los productores de café de más de 30 países apelaron a los dirigentes de la industria cafetera a tomar medidas coordinadas para mitigar el impacto de los bajos precios.

Según la FAO, se necesita algún tipo de acción internacional coordinada para abordar el problema, pero lo que resulta urgente es la cooperación que garantice un crecimiento razonable del sector.

Como los cambios en los precios afectan a los pequeños productores de café de forma mucho más rápida e intensa que a los consumidores, una estrategia prometedora sería elaborar productos cafeteros de mayor valor añadido en origen, asegura El-Mamoun, quien señala que esto requeriría que los principales países importadores reduzcan sus aranceles -a menudo restrictivos- sobre los productos de café procesados.

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