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Tras aprender en proyectos de Israel, Holanda, Suiza y México, los venezolanos Andy Nathan Goldstein Kirmayer y Joel Alejandro Cohen Almosni, llegaron a Colombia desde el año 2016 para desarrollar tecnologías agrícolas innovadoras y revolucionar el mercado del tomate en el país.

Su empresa se denomina 18 Artesanos y es un emprendimiento ubicado en Fómeque (Cundinamarca), que produce 11 variedades de tomates especiales que, gracias al uso de tecnologías, son más productivos y con una calidad que es valorada en los mejores restaurantes, clubes y hoteles de la capital del país. En total están realizando en promedio cerca de 300 entregas a la semana incluido el canal Horeca y hogares a los que llegan directamente, de momento solo en Bogotá.

La compañía recoge actualmente cerca de 90 toneladas anuales, lo que representa 2,5 veces más por metro cuadrado en comparación con un productor tradicional, gracias al sistema de hidroponía bajo invernadero que hoy ocupa una extensión aproximada de 5.000 metros cuadrados. Este año la proyección es cerrar con ventas totales por $800 millones.

“Decidimos arrancar nuestro proyecto con una pequeña inversión. Implementamos unos invernaderos y un sistema de hidroponía que nos permitiera albergar nuestro producto con técnicas aprendidas en otros países y con tecnología de punta”, dice Joel Cohen, director comercial de la empresa.

Los invernaderos son herméticos, tienen alturas y condiciones climáticas especiales. Además, usan una protección especial para insectos con lo que disminuyen el uso de pesticidas. De igual forma, usan sustrato de coco, material que hace que las raíces de la planta tengan mejor aireación y adhesión, permitiendo un mejor crecimiento y calidad del producto.

Las bolsas plásticas donde siembran tienen características especiales. “La fibra de coco está dentro de un empaque con cierta particularidad, es blanca por fuera y negra por dentro. La parte blanca permite que la luz que entra se refleje a lo largo de todo el invernadero y por dentro son negras porque así mantienen mejor la humedad del sustrato y esto hace que las raíces estén más cómodas”, explica Cohen. Con estas bolsas logran una mejor radiación mientras se mantiene la humedad.

Para el riego de los cultivos hacen uso del sistema por goteo, y dependiendo del día deciden si riegan más o menos y de esta forma son más eficientes en el uso del agua.

“Lo más llamativo es la infraestructura del invernadero, es metálico, mucho más alto de lo que tradicionalmente se usa en el país. El colgado de las platas es casi el doble frente al sistema tradicional, colgamos a casi 2,5 metros lo que permite que la planta se desarrolle más rápido y ampliamente. En el sistema tradicional lo normal son menos de 2 metros”, explica Cohen.

Adicional, usan láminas de plásticos especiales como techos de los invernaderos. Son plásticos israelíes anti condensantes que filtran cierta gama de la luz que no es positiva para el tomate, estas luces son revotadas y las que son positivas en cambio, las difumina para que haya un proceso mucho más efectivo.

El director comercial de 18 Artesanos también destaca que cuentan con un invernadero cenital. “En el techo hay una franja por donde puede entrar aíre, esta es más amplia de lo que se maneja normalmente y esto permite que el cambio de vientos sea mejor pues se genera una especie de remolino que saca el aire caliente y mantiene el aire fresco dentro del invernadero.

Once variedades que se traducen en colores y formas

La compañía cultiva desde los tomates chontos, que son los más consumidos en Colombia, los cherry de siete variedades, colores y formas, hasta las líneas Sanmarzano, el tomate por excelencia para salsas y dos tipos de tomates Heirlum tanto rosados como anaranjados.

“Siempre estamos probando semillas nuevas, definiendo qué es lo que nos sirve y qué es lo que no. Estamos a la vanguardia buscando líneas nuevas que sean atractivas para nuestros clientes, así como productivas en nuestras fincas”, manifiesta Cohen.

Al ser ellos mismos los distribuidores de sus productos, 18 Artesanos realiza las entregas al siguiente día después de la cosecha. “Esto nos permite cosechar el tomate mucho más maduro y hace que el tomate en la planta concentre todos sus azúcares y sea un producto más dulce y más apetecible. Seguramente un productor tradicional debe cosechar el tomate verde y debe pasar unos 10 días hasta que llegue al consumidor final dependiendo de donde llegue el producto”. Sus ventas las realizan por varias vías: su página web www.18artesanos.com donde exhiben las cantidades que tienen disponibles, por WhatsApp, y vía correo electrónico y redes sociales.

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