El pipilongo, una especia poco conocida fuera del Pacífico colombiano, se ha convertido en una apuesta cultural, turística, gastronómica y económica para las comunidades de Suárez, Cauca.
En este municipio, donde la tradición afrodescendiente y la riqueza natural se mezclan con el embalse de La Salvajina y los resguardos indígenas, el fruto del arbusto Piper tuberculatum empieza a consolidarse como un símbolo de identidad y de desarrollo local.
Sandra Soto, gerente general de Salvajina Tours y funcionaria de la oficina de turismo del municipio, asegura que el pipilongo representa “el diamante en bruto” de Suárez.

“En Suárez, el pipilongo existe prácticamente en todo el territorio. Yo digo que es como un diamante en bruto para nosotros. Hay mucho potencial porque las comunidades ya lo usan y lo conocen, pero todavía falta fortalecer procesos productivos y comerciales”, dijo Soto.
Desde hace varios años trabaja en la creación de la llamada ‘Ruta del Pipilongo’, una estrategia turística que busca integrar gastronomía, cultura, naturaleza y economía comunitaria alrededor de esta especia.
“El pipilongo es una vainita, una pimienta que se pone verdecita cuando está lista para extraerse. Un chef afro de nuestro territorio me habló de todas sus bondades y desde ahí empecé a investigar”, explicó Soto al recordar cómo conoció la planta en 2010 mientras adelantaba estudios universitarios.
A partir de esa experiencia, decidió desarrollar un proyecto académico enfocado en un parque ecoturístico denominado Pipilongo. Desde entonces comenzó a investigar el origen de la especia y el papel que ha tenido en las comunidades afrodescendientes del Pacífico.
Según la tradición oral recogida por Soto, el pipilongo habría llegado desde Asia en embarcaciones que arribaron al Chocó. Las semillas comenzaron a expandirse por el litoral Pacífico y posteriormente las comunidades afrodescendientes las incorporaron a su cocina y a sus bebidas tradicionales.
“Ellos descubrieron que el pipilongo generaba energía y fuerza. Para las comunidades afro se convirtió en un producto casi sagrado”, señaló.

El pipilongo pertenece al género Piper y a la familia Piperaceae, la misma de la pimienta larga y la pimienta negra. Se trata de una especie rara que crece de manera silvestre desde México hasta Brasil, aunque tiene poblaciones importantes en Colombia, especialmente en el Valle del Cauca y municipios como Suárez, Quinamayó, Robles, Potrerito y Timba.
Las vainas del pipilongo miden entre seis y diez centímetros de largo y presentan una forma cilíndrica alargada. Su superficie es rugosa y cambia de tonalidades verdes a amarillas y marrones. El sabor es descrito como picante, vegetal, almizclado y con matices mentolados.
Históricamente, esta especia ha sido utilizada como sustituto de la pimienta negra en regiones del occidente colombiano. Las comunidades afrodescendientes la incorporan en sopas, arroces, guisos y bebidas tradicionales.
En Suárez, el pipilongo forma parte de una estrategia turística que involucra recorridos por comunidades rurales, experiencias gastronómicas y visitas al embalse de La Salvajina.

“La ruta del pipilongo busca que la gente conozca nuestra cultura, nuestras comunidades y toda la ancestralidad del territorio”, explicó Soto.
La iniciativa es liderada por mujeres afrodescendientes organizadas en una agencia operadora local. En corregimientos como Bellavista, varias familias ya comenzaron a transformar la especia en productos con valor agregado.
“Ellas sacan el pipilongo, lo muelen y lo convierten en pimienta. Lo llevamos a la Universidad del Cauca para conocer el contenido nutricional porque queremos que ellas creen empresa y fortalezcan sus emprendimientos”, indicó.
La estrategia también involucra asociaciones paneleras que producen panelas artesanales mezcladas con pipilongo. La meta es ampliar la oferta gastronómica y convertir la especia en un producto comercializable para visitantes y mercados regionales.
El arbusto del pipilongo no solo tiene valor culinario. Según Soto, también cumple una función ambiental importante en las zonas montañosas de Suárez.

“Sirve como barrera viva. Ayuda a absorber agua en temporada de lluvias y eso disminuye impactos negativos como derrumbes e inundaciones”, afirmó.
Los estudios sobre sus propiedades nutricionales todavía son limitados, pero se le atribuye un alto contenido de antioxidantes y compuestos antiinflamatorios gracias a la piperina.
En la medicina tradicional es utilizado para aliviar resfriados, cólicos, afecciones renales y descongestionar las vías respiratorias.
En varias comunidades del Pacífico también se le considera afrodisíaco y un ingrediente medicinal de uso ancestral.
Además del impacto cultural y gastronómico, el proyecto alrededor del pipilongo busca convertirse en una herramienta de transformación social para comunidades golpeadas históricamente por la violencia y la falta de oportunidades.

“Lo que queremos es generar paz desde el territorio, que las comunidades se apropien de sus productos y no tengan que desplazarse”, señaló Soto.
La gerente de Salvajina Tours considera que el turismo puede convertirse en una alternativa económica sostenible para las comunidades rurales. Por eso la Ruta del Pipilongo incluye recorridos por emprendimientos agrícolas, trapiches paneleros, zonas cafeteras y experiencias comunitarias.
En el resguardo indígena de Aguaclara, por ejemplo, estudiantes administran una finca con más de 52.000 plantas de café. En otros corregimientos, productores afrodescendientes ya transforman y exportan café especial.
“Lo que hace falta es fortalecer la economía local y darle valor a lo que produce el territorio”, sostuvo.
El pipilongo está disponible durante todo el año y su cultivo resulta atractivo por su rápido crecimiento y capacidad de adaptarse a diferentes condiciones ambientales. Aunque actualmente su producción sigue siendo artesanal y a pequeña escala, comunidades del Pacífico ven en esta especia una oportunidad para fortalecer la identidad regional y abrir nuevas posibilidades económicas.

En lugares como Robles, en el Valle del Cauca, casi todas las casas cuentan con al menos un árbol de pipilongo. Las comunidades consideran indispensable tener la planta para condimentar alimentos y preservar las tradiciones culinarias.
Además, los arbustos forman parte del ecosistema local porque sirven de alimento para aves, insectos y murciélagos.
Las vainas pueden utilizarse frescas o secas. También pueden molerse y agregarse a sopas, carnes, arroz, ensaladas, arepas o empanadas. Su sabor, similar al de la pimienta negra pero con un toque mentolado, ha despertado interés entre cocineros y emprendedores gastronómicos.
Para Sandra Soto, el reto ahora es lograr que más comunidades cultiven la planta y se sumen a la cadena productiva.
“Necesitamos que otros corregimientos también siembren pipilongo para que la producción sea más efectiva y podamos desarrollar productos como condimentos y sales especiales”, explicó.
Fabiola Díaz, habitante del corregimiento de Betulia vereda Las Brisas, y Alfaeny Charrupi, del corregimiento de Asnazú vereda Pizamos, son dos de las cientos de recolectoras de pipilongo de esta región.
Dentro de sus quehaceres diarios está la cosecha de las vainas en los árboles sembrados en sus predios, el secado en invernaderos artesanales en donde ponen la especia junto a granos de café y el último paso es la molienda del pipilongo en máquinas mecánicas o manuales para elaborar el producto final con un grano más fino.
Entre las preparaciones más populares en la gastronomía local están los tamales de bocachico, empanadas con ají, masato de piña y chorizos, todo sazonado con el picor del pipilongo.

La apuesta de Suárez es convertir esta especia ancestral en un símbolo de desarrollo local. Mientras las comunidades fortalecen los cultivos y las rutas turísticas, el pipilongo comienza a abrirse paso como uno de los productos más representativos del Pacífico colombiano.
Principales rasgos del pipilongo
El pipilongo se compone de vainas delgadas, de entre seis y diez centímetros de longitud, con forma cilíndrica recta y extremos redondeados y curvos. Las vainas crecen erguidas a lo largo de las ramas y presentan una forma estrecha y alargada, compuesta por numerosas semillas diminutas. La superficie de la vaina es texturizada, arrugada y rugosa, con tonalidades variadas de verde, amarillo y marrón oscuro.
Debajo de la cáscara, se encuentra una capa muy fina de pulpa verde y semillas crujientes de color marrón claro. Las vainas de pipilongo se secan habitualmente al sol y se utilizan enteras o molidas como especia en diversos platos.
Aportan un sabor limpio, picante, almizclado y ligeramente especiado, con matices amaderados, vegetales y suaves que recuerdan al mentol. Históricamente, el pipilongo crece de forma silvestre en toda América, pero sus vainas se utilizan principalmente como sustituto de la pimienta negra.
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