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Hace 10 años salió a la luz la primera medición del Índice Global de Seguridad Alimentaria. Gracias a este informe pudimos darnos cuenta del enorme reto que, como empresa privada, podíamos asumir para desarrollar soluciones de alta tecnología, que ayudarán a empoderar a millones de agricultores y así alimentar al mundo de forma segura y sostenible.

Tener una perspectiva global acerca de cuáles son los países que mejor están haciendo su trabajo para tener una mayor seguridad alimentaria, cuáles son los más vulnerables y qué tipo de lecciones nos van quedando, ha sido fundamental para reconocer los avances hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, de alcanzar el hambre cero para 2030.

El Índice Global de Seguridad Alimentaria (GFSI por sus siglas en inglés), realizado por Economist Impact -anteriormente Unidad de Inteligencia de The Economist-, con el apoyo de Corteva Agriscience, considera cuatro pilares: asequibilidad, disponibilidad, calidad e inocuidad de los alimentos, recursos naturales y resiliencia en 113 países.

Con el paso de los años se han agregado nuevos indicadores para llegar a un total de 58, que han convertido esta medición en un modelo dinámico de evaluación comparativa para guiar las decisiones estratégicas de los gobiernos y las prácticas que transforman la manera en que alimentamos al mundo.

Al cumplirse una década de esta medición, podemos ver que después de lograr avances muy rápidos en los primeros años de inicio, los puntajes en todos los países alcanzaron su punto máximo en 2019, antes de caer en los últimos dos años en medio de la pandemia de covid-19, el conflicto y la variabilidad climática.

El estudio también revela que los países que son modelos de seguridad alimentaria son aquellos que obtienen puntuaciones altas en los cuatro pilares de medición, como Irlanda, el cual ha podido mantener durante una década bajos los costos de los alimentos, al mismo tiempo que ha abordado la desigualdad y garantiza que se mantenga una red de seguridad. Este país ha experimentado un gran salto en la I + D agrícola y ha podido minimizar la pérdida de alimentos, ayudando a garantizar que haya calidad y cantidad disponible. El gobierno también tiene altos estándares nutricionales y está políticamente comprometido con la adaptación.

Recordemos que Colombia fue uno de los países latinoamericanos que experimentó en la medición de 2021 un mayor incremento en la puntuación general del entorno de seguridad alimentaria, ocupando la posición 52 entre 113 países evaluados. En total, seis indicadores lograron fortalecer sus resultados y obtener una puntuación superior a 75 como son: seguridad alimenticia, volatilidad de la producción agrícola, proporción de población por debajo del umbral de pobreza mundial, acceso a los mercados y servicios financieros agrícolas, pérdida de alimentos y programas de redes de seguridad alimentaria.

Desde Corteva, creemos que colaborando para implementar tecnología y experiencia de campo podemos ayudar a aumentar la productividad, seguridad financiera y la sostenibilidad de la agricultura para alcanzar los ODS.