Comentarios Arnulfo Trujillo Díaz

El maíz colombiano está en riesgo

25 de marzo de 2026
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Nuestro maíz no es solo un cultivo. Es seguridad y soberanía alimentaria, es desarrollo económico y justicia social

El maíz es más que un simple grano que alimenta a millones de colombianos. Es un símbolo de nuestra historia, de nuestras raíces, un alimento ancestral que ha acompañado a generaciones a lo largo de los siglos. Y aunque muchas veces pasamos por alto su importancia, lo consumimos a diario en formas diversas: en la arepa, en la mazamorra, en el pollo, en el huevo, en el cerdo… el maíz está prácticamente en todas nuestras comidas.

Sin embargo, detrás de su aparente abundancia se esconde una dependencia preocupante. En 2024, el 81,4 % del maíz consumido en el país fue importado (6.822.054 t), la producción nacional apenas alcanzó el 18,6 % (1.559.194 t). En 2024, la demanda superó los 8 millones de toneladas anuales (8.381.248 t), pero solo producimos 1,55 millones.

Ahora bien, si revisamos 2025, de la demanda total de 9.040.877 toneladas de maíz, 15,2% representó la producción nacional (1.378.582 t), mientras que 84,8% las importaciones (7.662.295 t), lo que denota una disminución de la participación del maíz nacional, tanto amarillo, como blanco, en la demanda del país. Sin maíz importado, el maíz colombiano solo alcanzaría para 15 días.

La magnitud de esta dependencia no es un asunto menor. Afecta la seguridad y la soberanía alimentaria del país. El maíz aporta el 9% de la energía diaria en la dieta de los colombianos y sostiene, además, la producción de proteína animal. Solo en 2024, el consumo aparente de maíz amarillo, clave para alimentos balanceados, fue de 7,48 millones de toneladas (7.489.298 t); el de maíz blanco, destinado al consumo humano, superó las 822 mil toneladas (822.338 t). Mientras que, en 2025, el consumo aparente de maíz amarillo se ubicó en 8,2 millones de toneladas (8.294.204 t), registrando un importante aumento; y el de maíz blanco se redujo registrando una cifra de 746.673 toneladas.

Este desequilibrio es el reflejo de un problema histórico: años de falta de políticas claras y apoyo insuficiente a nuestros agricultores. Hoy, incluso una parte de la industria prefiere el grano importado, ignorando el potencial de nuestra tierra y debilitando la economía rural. Mientras tanto, miles de agricultores resisten en un escenario cada vez más adverso.

Ante esta realidad, es urgente actuar. Fenalce ha emprendido esfuerzos estratégicos para recuperar la producción nacional a través de programas de rotación que incluye la entrega de semillas en Huila, Tolima, Córdoba, Sucre, Bolívar y Cesar; y programas de multiplicación de semillas en zonas como Huila y Valle del Cauca, con resultados cercanos al 100% en germinación y rendimiento.

También ha firmado convenios con importantes aliados estratégicos como AGROSAVIA, el SENA, el ICA, el CIMMYT y el INTA, y trabaja a lo largo de todo el país por el fortalecimiento de las asociaciones de base, y para que los agricultores vuelvan a sembrar, comercialicen de manera asociada, transformen su materia prima y sean más productivos.

Es fundamental que el gobierno diseñe políticas públicas claras que: defiendan la soberanía alimentaria del país, favorezcan a los productores nacionales, garanticen el acceso a mercados justos y, faciliten la inversión en infraestructura para mejorar la competitividad de nuestros cultivos, porque Colombia sí tiene potencial para producir mucho más maíz.

La capacidad de un país para producir sus propios alimentos, para garantizar que sus ciudadanos puedan acceder a una dieta sana y suficiente, es un derecho fundamental. Y hoy, en Colombia, estamos jugando con ese derecho. No basta con una visión a corto plazo, necesitamos una estrategia a largo plazo que garantice que no solo tengamos maíz en nuestras mesas, sino también en nuestros campos, cultivado por nuestros agricultores.

Por esto, en Fenalce nos unimos a la iniciativa ‘Maíz Fuerte, País Fuerte’, para reafirmar la necesidad de fortalecer el cultivo de maíz en Colombia, como una prioridad nacional que no da espera.

Así que nuestro maíz no es solo un cultivo. Es seguridad y soberanía alimentaria, es desarrollo económico y justicia social. Ignorar su importancia es renunciar a nuestra capacidad de alimentarnos con lo que producimos. Por eso, recuperar la producción nacional no es una opción: es una obligación para garantizar el futuro alimentario de Colombia.

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