Pero más allá de lo que deba o no hacer el nuevo presidente de la República, el agro debe pensarse como una prioridad, pues todavía hay muchos temas para resolver.

Por ejemplo, creo que ya estamos sobreinformados con numerosas noticias de las importaciones, de los Tratados de Libre Comercio y de los impuestos, que poco han favorecido a sectores como el lechero. Sin embargo, muchos actores que podrían arreglar o minimizar el problema se hace de oídos sordos.

¿Quién no ha escuchado sobre el acceso a los mercados, la intermediación que encarece los productos, pero más que cualquier otra cosa, la necesidad de buenas vías terciarias que bajen los costos de producción?

O ¿quién no ha oído que es tres veces más económico mandar un contenedor de Colombia a China, que incluso moverlo de un extremo a otro, o desde el centro del país? Personalmente, esa afirmación la he aprendido casi que de memoria. A su vez, la innovación y nuevas variedades vegetales que tanto piden gremios como Asocolflores, pero que se quedan en peticiones porque la investigación algunas veces es limitada.

¿Qué hay de la diplomacia sanitaria como la llama Fedegán?, esa, que se traduce en que a los que les corresponde aceleren los procesos para que podamos llevar nuestros productos y comercializarlos en otros países. También la sustitución de cultivos por plantaciones con potencial exportador como el cacao.

Muchas tareas para un país que está lleno de posibilidades.