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Quizás en los días más críticos del paro nacional, o en aquellos momentos en que la pandemia del covid-19 seguía cobrando la vida de los colombianos, el panorama del sector agroindustrial colombiano pudo verse estancado. No solo por los bloqueos en las carreteras, o la difícil situación que atravesó el puerto de Buenaventura, sino por la merma en el espíritu productor del país, que así como otros gigantes de la región no tuvo más remedio que clausurar temporalmente muchas de sus actividades económicas.

Pero ese no fue el caso del agro colombiano, que no dejó -ni un solo día- de abastecer las centrales de alimentos o las mesas de los hogares del país. Más allá de eso, a pesar de las crisis internas de la economía, los productores nacionales, amparados por entidades como ProColombia y el mismo Ministerio de Agricultura, encontraron en los mercados internacionales nuevas oportunidades de crecimiento, que dispararon no solo sus ventas sino también sus aparatos productivos.

Asimismo, la participación de los gremios y su interés por seguir aprovechando la tierra fértil colombiana, hizo posible que el sector rural haya sido el que más creció en la economía colombiana, a un ritmo de 2,3% según el Dane. De igual forma, la participación del agro se mantuvo en 8,1%, siendo la sexta rama en el país con mayor porcentaje de la producción.

Los productos agrícolas no tradicionales, antes rezagados frente a las cifras del café, el banano y las flores, hoy en día han encontrado en estos nuevos mercados el trampolín necesario para llegar y conquistar, generando más empleos y desarrollo en las regiones en los que son sembrados. El aguacate hass, como ya lo ha hecho en los últimos años, es la joya de la corona del nuevo motor de exportación colombiano, en el que frutas como la uchuva, el mango y la maracuyá también se han sumado.

Sin duda, 2022 será incluso mejor