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No se entendería que el Gobierno Nacional acogiera propuestas de algunos voceros de la industria láctea, las cuales pretenden trasladar a los productores colombianos la volatilidad del mercado internacional de leche (el comercio internacional de leche representa un 7% del consumo mundial).

Por cuenta de esta volatilidad, los precios internacionales de leche han oscilado entre un 50% y un 60%del precio por tonelada de leche en polvo entre los años 2011 a 2014.

Sin embargo, hay algunos aspectos susceptibles de ajuste para conjurar los riesgos especulativos y sus probables impactos negativos sobre el precio y volúmenes demandados de leche nacional. Entre los más importantes están: primero, el uso creciente de lactosueros como materia prima de los derivados lácteos, cuyas importaciones aumentaron en 31% en 2014.

Los lactosueros son comercializados como bebida láctea o como quesos, pese a que no pueden ser considerados como lácteos. Segundo, los beneficios de precios más bajos de los lácteos importados no se trasladan proporcionalmente a los consumidores. Son capturados en buena parte por intermediarios o procesadores, y a la par, estimulan aún más el ingreso de importaciones.

En tanto los precios de la leche importada fueron 10% inferiores a los de la leche en polvo procesada nacionalmente en 2014, el precio al consumidor varió en 1%.

Por último, pese a la complejidad que requiere el sistema de pago, ha sido la búsqueda de precios y/o márgenes justos lo que en buena parte ha posibilitado la supervivencia de pequeños productores que nutren una sólida y rentable industria nacional. La leche ha sido el único alimento típico de pequeños y medianos productores, equiparable por su importancia al café, que ha logrado sobrevivir y crecer de manera sostenida, pese a la apertura despiadada de la economía en los años noventa.

Al ritmo actual, las importaciones de lácteos, que empiezan a privilegiar los quesos, además de la leche en polvo y los lactosueros, probablemente incidan en el menor acopio de leche, particularmente en las zonas productoras del trópico bajo. Justamente donde las prioridades postconflicto serán las más urgentes en materia de ingresos y oportunidades.