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El año 2030 es el techo para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, por eso la ONU ha calificado los siguientes 10 años como la “década de acción”, tiempo clave para cumplir con los propósitos que llevarán a la humanidad a otro nivel de calidad de vida.

Quisiera hablar de las perspectivas que tenemos para cumplir con la meta de “Hambre Cero” y evitar que más de 820 millones de personas se acuesten con hambre. El llamado es a rediseñar los sistemas alimentarios, sin olvidar que la paradoja de la producción de alimentos es cosechar más, preservando el planeta. Rediseñar los sistemas de alimentos es un compromiso de todos.

El primer paso es repensar la innovación. La agricultura, la ganadería y la deforestación producen casi un cuarto de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En la “década de acción”, la agricultura puede ser parte de la solución a los desafíos ambientales, por ejemplo, con productos para el control fitosanitario y semillas que contribuyeran a reducir la huella ecológica en el campo u ofreciendo a los agricultores herramientas para tomar decisiones basadas en datos.

Las cifras globales de producción de maíz son ejemplo de cómo hemos logrado ser más eficientes. Hace 40 años se necesitaban 1.000 acres para cultivar una tonelada de maíz. Hoy, por la innovación, se necesitan menos de 430 acres para la misma producción.

El uso de tecnologías como la soja Intacta RR2-PRO en América del Sur ha reducido en 6.800 millones de kilos de gases de efecto invernadero, el equivalente a sacar 3,3 millones de automóviles de las carreteras. Además, herramientas como Climate FieldView de Bayer permiten hoy disminuir el uso de agua, energía y fertilizantes.

En el futuro aumentará la demanda de alimentos producidos cerca de las ciudades. Por esto, también necesitamos invertir en nuevas formas de agricultura, como la agricultura vertical, una solución sostenible y de alta tecnología para cultivar productos locales más frescos y de forma más eficiente.

Otro campo importante de acción es entrelazar la cadena alimentaria y la sostenibilidad ambiental. En el futuro, el mercado debería recompensar a los agricultores que protejan el medio ambiente y la biodiversidad. Esto es además un camino para empoderar a pequeños agricultores a utilizar prácticas agronómicas sostenibles. En países como Colombia, donde los pequeños campesinos producen 80% de los alimentos, la FAO estima que la productividad agrícola debe aumentar más del 100% para satisfacer la demanda proyectada de alimentos.

Un tercer camino es pensar en colaboración. Para combatir el cambio climático, proteger la biodiversidad y proporcionar seguridad alimentaria de forma sostenible, necesitamos una colaboración sin precedentes. Los proyectos bajo la Alianza de Acción Alimentaria del Foro Económico Mundial son un ejemplo de ello, pues la coalición busca fortalecer el impacto de las cadenas de valor agrícolas para producir alimentos de manera eficiente, sostenible y a gran escala.

Con innovación, nuevos modelos de negocio y colaboración, la sostenibilidad estará en el centro de la producción agrícola. En agricultura, nuestra capacidad colectiva para transformar los sistemas alimentarios globales, será la clave.