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El secano, muy frecuente y extensamente utilizado en regiones semiáridas como el Mediterráneo, donde no se usa el riego en los cultivos, solamente el agua que proviene de las lluvias, es uno de los tipos de agricultura más comunes en zonas donde las precipitaciones anuales se ubican por debajo de los 500 milímetros.

Su uso eficiente potencializa la escasa humedad del suelo en las regiones donde se utiliza como método de producción, por lo que “es muy importante identificar los factores que favorecen los procesos de desertificación en los cultivos de secano y las estrategias que puedan mitigar esos cambios físicos en estos terrenos”, destacó Javier Lotero, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional.

A su vez, la agricultura de secano es benéfica para el ambiente pues ayuda a la preservación del suelo y el ahorro de agua, pues no se usa este recurso hídrico del cual dependen cultivos en zonas de mayores alturas y para los que se usan grandes cantidades.

“Otro impacto desde el punto de vista económico para el productor o empresario agrícola es que disminuirá gastos como la compra de mangueras de riego que suelen ser de alto costo”, añadió Lotero.

Los resultados positivos de la agricultura de secano se han extendido de manera mayoritaria en producciones de cereales como el arroz y el trigo, además de otros cultivos leñosos como el almendro, el nogal y el olivo.

“Su uso en regiones de Europa y Centroamérica ha evidenciado que aumenta los rendimientos por hectárea en las producciones y se hace menos necesario el uso de insecticidas y productos químicos que, en el largo plazo, afectan la sostenibilidad en los suelos”, concluyó el ingeniero agrónomo.

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