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Gracias al fenómeno de El Niño, el mundo está a punto de experimentar algo parecido a un viaje en el tiempo al año 2050. No será agradable. Pero en lugar de dejarse llevar por el pánico ante el sombrío futuro climático que presagia, deberíamos utilizarlo como advertencia sobre la necesidad de hacer más para frenar el calentamiento global.

Los científicos del clima advirtieron recientemente que el probable regreso del patrón meteorológico de El Niño en el Pacífico a fines de este año podría provocar un aumento temporal de las temperaturas mundiales de 1,5 º C por encima de su promedio preindustrial en 2024. Ese margen representa un punto de referencia de calentamiento que todo el planeta ha fijado como un máximo apenas tolerable para muchas décadas en el futuro, no para los próximos años.

Las repercusiones podrían ser sombrías. El fuerte fenómeno de El Niño de 2015-16 produjo en 2016 la temperatura promedio mundial más alta jamás registrada, junto con una terrible sequía en Etiopía, un potente ciclón en Fiyi, récords de lluvia y nieve en algunas partes de Estados Unidos y la peor mortalidad de arrecifes de coral de la historia. Por alguna razón, no causó inundaciones en California; pero los fenómenos de El Niño suelen fortalecer los ríos atmosféricos del tipo que han estado anegando ese estado durante las últimas semanas.

Y el planeta está más caliente ahora que cuando empezó El Niño, con temperaturas promedio que en ocasiones rozan los 1,2 ºC por encima de los niveles preindustriales. Y eso a pesar de los casi tres años de enfriamiento provocado por La Niña. Estos fenómenos tardan meses en influir en el clima, pero en algún momento, tras el regreso de El Niño, es probable que se registre un nuevo récord de temperatura, acercando incómodamente el umbral de 1,5 °C.

Algunos científicos advierten que ya es demasiado tarde para limitar el calentamiento global a 1,5º C. Superar ese objetivo, aunque sea brevemente, mucho antes de, por ejemplo, 2050, podría llevar a la aceptación generalizada de que el planeta está condenado a temperaturas mucho más altas a largo plazo.

Esa desesperanza podría ser peligrosa. También sería un error. Según el climatólogo Michael Mann, uno o dos años de altas temperaturas no constituyen una tendencia a largo plazo. Puede que sea políticamente difícil tomar las medidas necesarias para evitar que 1,5 °C se convierta en la tendencia a largo plazo, pero sigue siendo técnicamente posible.

Debemos hacer todo lo posible, durante todo el tiempo que podamos, para evitar un calentamiento sostenido de 1,5 °C o más. Un breve repunte en 2024, por miserable que sea, sería un leve anticipo de lo que le espera al planeta si esas temperaturas se convierten en normal. Los impactos regionales de El Niño son totalmente distintos de los que prevalecerán debido al calentamiento global a largo plazo. La devastación de décadas de derretimiento del hielo, el aumento del nivel del mar, el colapso de los ecosistemas y otros efectos del cambio climático serán magnitudes más desgarradoras.

Cualquier repunte del calentamiento provocado por El Niño debería verse como una oportunidad para recordar al mundo la necesidad de mitigar el cambio climático mucho más rápidamente de lo que lo hemos venido haciendo. Una emergencia a corto plazo puede ayudar a centrar las mentes y los dólares en la reducción de las emisiones de carbono, la transición a la energía verde y la investigación de tecnologías para luchar contra la emergencia a largo plazo.

Y mucho antes de que llegue El Niño, debemos prepararnos para los fenómenos meteorológicos extremos que traerá consigo. Los Gobiernos de todo el mundo deben ponerse manos a la obra para hacer más resistentes los suministros de agua, proteger a las personas vulnerables de las olas de calor y las tormentas mortales, al tiempo que se ecologizan y refuerzan las redes eléctricas, por citar algunas tareas.

Tenemos quizá un año para prepararnos. La previsión no ha sido precisamente el punto fuerte de la humanidad en lo que respecta al clima, pero no es demasiado tarde para intentarlo.

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