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Lo que comenzó con unas pocas docenas de cerdos muertos en el noreste de China se está expandiendo por toda la cadena alimentaria mundial.

En agosto pasado, se encontró que una granja con menos de 400 cerdos en las afueras de Shenyang albergaba peste porcina africana, la primera aparición de la enfermedad viral contagiosa en el país con la mitad de los cerdos del mundo.

Cuarenta y siete cabezas murieron, lo que provocó medidas de emergencia que incluyeron el sacrificio masivo y un bloqueo para detener el transporte de ganado. En unos días, un aviso del gobierno proclamaba que el brote había sido ” efectivamente controlado”.

Fue muy tarde. Para entonces, la enfermedad literalmente se había vuelto viral, dispersa a lo largo de cientos de kilómetros en animales enfermos, alimentos contaminados y tierra y polvo en neumáticos y ropa. Nueve meses después, el contagio se ha extendido a todo el país, cruzó las fronteras a Mongolia, Vietnam y Camboya, y ha reforzado los mercados de carne a nivel mundial.

Mientras que las estimaciones oficiales hablan de 1 millón de cerdos sacrificados, los datos de matanza sugieren que en el 2019, el “año del cerdo” del zodiaco chino, se eliminarán 100 veces más.

El Departamento de Agricultura de EE.UU. pronosticó en abril una disminución de 134 millones de cabezas, equivalente a toda la producción anual de cerdos estadounidenses, y la peor caída desde que el departamento comenzó a contar los cerdos de China a mediados de los años setenta.

“Esta es una situación sin precedentes”, asegura Arlan Suderman, economista jefe de Intl FCStone Inc., quien ha estado analizando los mercados de productos básicos durante casi cuatro décadas. “Esto afectará los precios de los alimentos a nivel mundial”.

Como el ébola
La cepa de la peste porcina africana que se propaga en Asia es innegablemente desagradable, ya que mata a casi todos los cerdos que infecta por una enfermedad hemorrágica parecida al ébola en los seres humanos. Sin embargo, no se sabe que enferme a los humanos.

El daño a los cerdos es especialmente crítico para China, con una industria porcina de US$ 128,000 millones y el tercer consumo per cápita más alto del mundo.

El hato de cerdos de China podría disminuir hasta en un 30%, asegura Juan R. Luciano, consejero delegado de Archer-Daniels-Midland Co., uno de los mayores operadores de productos agrícolas.

“China claramente necesitará importar cantidades sustanciales de carne de cerdo y probablemente otras carnes y aves para satisfacer la demanda”, dijo Luciano a analistas en una conferencia telefónica el 26 de abril.

Las compras de carne china también pueden impulsar las ventas de harina de soya –una fuente de alimento para el ganado– en América del Norte, Brasil y Europa, dijo.

Los precios del cerdo al por mayor en China ya están 19% más altos que hace un año, y han aumentado en EE.UU. y la UE, luego de que los procesadores enviaran más producto a China. El precio del tocino en España subió alrededor de 20% en marzo, mientras que el del cerdo aumentó 17% en Alemania, según Interporc, un grupo industrial con sede en Madrid.

“La cuantía potencial de esto es enorme”, asegura Angus Gidley-Baird, analista de materias primas de Rabobank en Sídney. “Es lo más importante que afecta al mercado de proteínas animales este año, y probablemente tendrá un efecto duradero por varios años. Moverá los mercados y posiblemente influirá en las situaciones geopolíticas “.

El repunte se ha extendido a otras carnes. Las exportaciones de carne de res de Australia a China aumentaron 67% en el primer trimestre. En Brasil, las acciones de empacadores de carne como JBS SA y Minerva SA se han disparado en medio del optimismo de ventas más fuertes a China.

Efecto contagio
El aumento de las importaciones chinas de carne resultará en un mayor costo de los alimentos que repercutirá en las economías de todo el mundo. El alcance de estos efectos expansivos depende de la rapidez con que se pueda detener la epidemia.

Los datos oficiales muestran una desaceleración en el número de cerdos afectados desde finales del 2018, lo que respalda la evaluación del gobierno de que la enfermedad está “bajo control efectivo”.

Los analistas desde Morgan Stanley hasta Citigroup Inc. y el Departamento de Agricultura de EE.UU. no están convencidos de que la enfermedad ya no se esté propagando.

La epidemia también podría tener repercusiones políticas. Xi Jinping podría querer finalizar las negociaciones comerciales con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tanto para facilitar la importación de suministros muy necesarios como el cerdo, las aves y la res, como para permitir que los legisladores chinos se enfoquen exclusivamente en sofocar los brotes, asegura Suderman de Intl FCStone.

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