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Quienes hicieron posible este primer paso fueron los zootecnistas recién graduados Jonathan Álvarez, Richard Martínez y Daniela Rodríguez, quienes bajo la dirección de la doctora Ligia Jiménez, viajaron por todo el territorio nacional siguiendo el presentimiento del finquero Elver “Chejo” Marín.

Lo que indicó el agricultor y criador de sabuesos en Santander es que había un perro que sin importar en cuál rincón del país estuviera contaba con la misma estética, el mismo comportamiento y las mismas funciones (cazar). Aunque responde a diferentes nombres: tinajero en Santander, Chapolo en la Costa o Bramador en Antioquia, el sabueso siempre es el mismo.

Con poco dinero en el bolsillo, pero toneladas de conocimiento y ganas para analizar a los perros, los egresados de la Universidad Nacional lograron reunir un poco más de un centenar de ejemplares adultos y comprobaron la tesis de Marín: en Colombia hay un tipo de perro común y ante el descubrimiento lo llamaron Sabueso Fino Colombiano.

“Este tipo de perros conserva un conjunto de características fenotípicas que no se alteran con el paso generacional. Lo que hicimos fue crear un formato de caracterización morfológica y con ello analizamos los perros que hemos ido encontrando. En este sentido, tienen una altura promedio de entre 45-55 centímetros a la cruz, son más largos que altos, tienen proporciones rectangulares, las orejas son largas, los ojos almendrados, tienen pelo corto y son manchados”, dijo Álvarez.

Esta investigación, que inició en 2013, tiene que avanzar a otra etapa mucho más costosa y es la del estudio genético molecular. Martínez aseguró que el tema no es conseguir los ejemplares (pues para eso se creó un fanega en Facebook bajo el nombre Fino Colombiano), sino el capital para comprar reactivos y demás materiales necesarios.

“El semestre pasado fue cuando se comenzó a hacer la toma de muestra. Se deben hacer muchas más para hacer un banco de muestra genética, y esa es una tarea que no puede depender solo de la Universidad Nacional”, dijo Martínez.

Para Jiménez, es necesario el apoyo económico porque tener una raza de perro colombiana es valorar un patrimonio natural que han formado los campesinos. “Esto hay que darlo a conocer, destacarlo, cuidarlo y conservarlo”, señaló.

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