La caña de azúcar, como cualquier otro cultivo, es atacado por plagas, que pueden llegar a reducir la rentabilidad de las plantas al dañarlas, disminuir el volumen de cosecha, depreciar la calidad del producto y aumentar los costos operativos por la compra e implementación constante de insumos para su control.
La principal plaga que tiene la caña en nuestro país es el complejo de especies del género Diatraea, conocido como barrenador de la caña, cuyas larvas ingresan al tallo y pueden afectar la producción de azúcar.
“Por cada punto porcentual de intensidad de infestación se pueden perder aproximadamente 143 kilogramos de azúcar por hectárea. Sin embargo, actualmente la infestación promedio se encuentra en 1,9%, por debajo del umbral meta del sector, que es de 2,5%, lo que demuestra la efectividad del manejo implementado por parte de nuestra agroindustria”, dijo Claudia Calero, presidente de Asocaña.

Esto es posible, gracias a que Cenicaña mantiene un monitoreo permanente de este asunto, lo cual ha permitido identificar a tiempo los cambios recientes en la composición de las diferentes especies de plagas, como por ejemplo el aumento de la participación de Diatraea tabernella en el valle geográfico del río Cauca, para ajustar las estrategias de control biológico.
Otras plagas que pueden afectar al cultivo son el salivazo de la caña (Aeneolamia varia), cuyas poblaciones también son objeto de seguimiento permanente. Adicionalmente, pueden presentarse de manera ocasional escamas, pulgones y algunos insectos defoliadores, pero bajo los esquemas de vigilancia y manejo implementados se mantienen controlados y con una presencia limitada en el área cultivada.
“Más que un problema, el manejo de plagas en la agroindustria de la caña es una muestra de la capacidad científica y técnica que ha construido el sector para anticiparse, preservar el equilibrio del agroecosistema y proteger la productividad”, enfatiza Calero.
Balance
El balance que tiene Asocaña del control de estas plagas es positivo, porque según los reportes que tiene este gremio, hoy la intensidad promedio de infestación por Diatraea es de 1,9%, un indicador que se mantiene por debajo del umbral de 2,5 %, gracias al trabajo sostenido que la agroindustria ha desarrollado durante más de cuatro décadas en investigación, monitoreo y control biológico.
“Para nuestro sector el enfoque en el manejo de plagas es anticiparnos a su aparición, por eso hacemos un monitoreo permanente de las poblaciones, identificamos cambios en las especies presentes y ajustamos las estrategias cuando es necesario”, reconoce Calero.
Agrega: “Esa capacidad de respuesta temprana nos ha permitido mantener las poblaciones bajo control y evitar que representen un riesgo para la productividad del cultivo. Este es un ejemplo de cómo la investigación y la innovación generan resultados concretos para el campo colombiano”.
La agroindustria de la caña no solo ha logrado mantener un manejo fitosanitario eficiente, sino que además se ha convertido en un referente internacional en el uso del control biológico, demostrando que es posible combinar productividad, sostenibilidad y conocimiento científico para producir más y mejor.
Estrategias
La mayor fortaleza de la agroindustria para manejar las plagas es el monitoreo permanente y hacer del control biológico la principal herramienta para prevenir estos organismos.
“Mientras que en muchos sistemas agrícolas el control depende principalmente de plaguicidas, en nuestro sector desarrollamos un modelo basado en el uso de enemigos naturales de las plagas de la caña de azúcar (como Trichogramma exiguum, Lydella minense, Cotesia flavipes o Billaea claripalpis), investigación científica y monitoreo permanente. Este modelo hoy es reconocido por otras agroindustrias del mundo como un caso exitoso de manejo integrado de plagas”, enfatiza Calero.
El control biológico consiste en liberar, durante aproximadamente 7 a 9 meses del ciclo del cultivo, algunos organismos benéficos, como parasitoides, que buscan naturalmente a la plaga y la controlan incluso cuando se encuentra protegida dentro del tallo de la caña, un lugar donde un insecticida tiene una capacidad de acción mucho más limitada. Esto hace que sea una estrategia altamente eficiente y, al mismo tiempo, amigable con el medio ambiente.
Asimismo, cabe indicar que, como parte de su labor de prevención y vigilancia fitosanitaria, el ICA realizó durante 2025 un total de 60 visitas de inspección, vigilancia y control relacionadas con el cultivo de caña, además de ocho actividades de comunicación del riesgo enfocadas en la identificación, monitoreo y manejo de plagas.
Con este tipo de acciones, el ICA ratifica su compromiso con la protección sanitaria de la producción agropecuaria, la dignidad campesina, la inocuidad de los alimentos y el fortalecimiento de sistemas productivos sostenibles que contribuyan al desarrollo rural y al bienestar de las comunidades.
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