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Muchos dicen que el planeta nos está hablando. Modificaría esa afirmación para decir más bien que la tierra continúa hablando, pues no es algo nuevo, viene haciéndolo sin parar desde hace varios años y cada vez con más fuerza.
El reciente covid-19 y sus implicaciones son tan solo la punta del iceberg de aquello que hace mucho tiempo nos viene pidiendo a gritos el lugar donde vivimos: consciencia ambiental.

A pesar de las complejidades que ha traído esta emergencia sanitaria, nos hemos demostrado como humanidad que sí podemos tomar consciencia y entender que solo trabajando en equipo tenemos el poder de recuperar el tiempo perdido y actuar de forma eficiente en cualquiera que sea el propósito.
Esta punta de iceberg, el covid-19, ha sacado a flote la mejor versión de la sociedad y nos ha permitido asumir por fin la responsabilidad que tenemos de cambiar el mundo desde cada una de nuestras capacidades.

Nosotros, en la industria de empaques para alimentos y consumo masivo, entendimos hace varios años que nuestra responsabilidad es doble.
Por un lado tenemos el compromiso de garantizar la preservación de lo que compramos y consumimos y por otra parte, no menos importante, estamos llamados a controlar el impacto de nuestras operaciones y productos en el medio ambiente.

Esto nos llevó en 2009 a desarrollar una línea de productos GeoPack biodegradables 100% compostables pensada para cuidar el planeta y ofrecer valor agregado a consumidores cada vez más informados cuya exigencia siempre agradeceremos pues nos impulsa a romper los límites y, mediante innovación, minimizar el impacto en el medio ambiente.

Años después, en 2012, emprendimos el proyecto “Oruga” cuyo objetivo es evitar que lleguen materiales aprovechables a rellenos sanitarios y luego reincorporarlos a la cadena productiva. Iniciativas como estas y otras que hemos desarrollado en Grupo Phoenix, nos han enseñado la importancia de incluir en cada proceso a la mayor parte de la sociedad y lograr que cada persona desde su rol y capacidad se comprometa mucho más.

Hoy, en medio de un ambiente de solidaridad y niveles de consciencia como muy pocas veces habíamos visto en el país, nos unimos a las voces que invitan a los consumidores para que asumamos nuestra responsabilidad.

Y esto, dentro de la cadena de reciclaje mediante una correcta separación de residuos desde la fuente que garantice un cierre de ciclo exitoso.
Así, el esfuerzo que hacemos como productores de empaques amigables con el medio ambiente y gestores de programas de economía circular, así como el trabajo de los recicladores, tendrá más sentido e impacto positivo.

Cada persona tiene la posibilidad de impactar, desde sus decisiones personales lo que pasa en el planeta. Nuestro consumo y disposición responsable de lo que consumimos es quizá el acto más pequeño pero más potente de estas decisiones.