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Dentro de los primeros anuncios de la Vicepresidencia de la República, luego de que empezaron las reacciones por el covid-19, Marta Lucía Ramírez propuso el plan de descentralizar Corabastos. La iniciativa busca tener otro espacio en Bogotá, con el respaldo administrativo de esa central de abastos, para que las personas eviten ir hasta la sede que hoy queda al suroccidente de la capital; es decir, crear un brazo de la corporación, y así reducir aglomeraciones.

Esto se da por varias razones, inicialmente, como medida contra la propagación del virus, pues se debe tener en cuenta que Corabastos, al ser la central más gran del país, recibe por lo menos 1.000 camiones con alimentos al día.

En adición, en días ordinarios, según los registros, más de 40.000 personas entraban al lugar (entre compradores y vendedores, el equivalente al estadio El Campín totalmente lleno). Incluso, aún hoy en día, en plena época del virus, ese número no ha caído fuertemente y se mantiene en niveles no menores a 30.000 ciudadanos que van al lugar.

Para muchos el plan efectivamente ayuda a ser una solución a la aglomeración al momento de comprar alimentos en uno de los lugares más llenos de Bogotá, pero podría demorarse por varios puntos.

El gerente de la central, Mauricio Parra, ha dicho en más de una ocasión que están siguiendo las instrucciones de la Vicepresidencia, pero el asunto es que detrás hay un buen número de trámites logísticos y jurídicos. Para empezar, la Alcaldía de Bogotá debe revisar cuáles son las zonas aptas para abrir un nuevo “minicorabastos”.

Luego de eso, según Parra, “no es solo abrir un local y empezar a vender comida”, hay un presupuesto adicional al que se tenía ya contemplado en el plan de 2020; además, deben haber cuartos fríos instalados, entre otros elementos. Por lo pronto, no hay fecha para abrir.