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Tres años después de la regulación del cultivo de cannabis con fines medicinales y científicos en el país, el panorama sigue siendo difuso. Si bien Colombia tiene la capacidad y las condiciones para convertirse en la gran despensa de esta materia prima para el desarrollo de medicamentos y productos cosméticos a base de la planta, hace falta más apoyo a la industria y, sobre todo, vencer los estigmas que aún persisten.

Bien lo ha dicho el Financial Times en un reciente reporte: el país tiene el potencial para llegar a suministrar 40 % del cannabis medicinal del mundo y obtener mayores ganancias que industrias como las flores o el carbón. Por eso no son casualidad las más de 240 licencias que el Gobierno ha entregado solo en el primer semestre de este año a medianos y grandes productores, ni tampoco que la inversión total en el país para este concepto alcance, según estimaciones, más de US$400 millones.

Colombia tiene todas las condiciones para ser un gigante mundial. Tenemos aquí un buen clima, la ubicación logística es inmejorable, la mano de obra está calificada y la calidad de los suelos es apta para este tipo de cultivos, lo cual permite que los costos de producción sean muy bajos en comparación con otros países. Sin embargo, hay desafíos todavía sin resolver para que el país pueda competir con grandes esfuerzos de otros países de Latinoamérica, especialmente con industrias crecientes en Uruguay y Chile.

Pero para ello es necesario desde ya la elaboración de campañas educativas que expliquen la diferencia entre el cannabis medicinal y el consumo recreativo. Y que, en el primer caso, su uso no representa efectos psicotrópicos sino un mecanismo médico para el control efectivo del dolor y tratamiento de muchas enfermedades en las que el uso de medicamentos tradicionales no ha sido efectivo.

Aún persiste una creencia en la que se estigmatiza a la planta, por lo que, si se quiere estimular su producción científica y medicinal, debemos como industria y Gobierno mostrar sus ventajas para apalancar que cada vez más personas confíen en su desarrollo, como magistralmente lo ha hecho Uruguay, por ejemplo, con una política en la que el Estado se ha volcado a la educación de los consumidores y, lo que ha sido más exitoso, del mundo entero.

El caso de varios estados de Estados Unidos donde se ha reglamentado su uso también ha mostrado resultados. No solo se ha basado en el estudio de las capacidades médicas del cannabis y en su reglamentación, sino en una visión de negocio. Reciéntemente fue aprobado en la Cámara de Representantes el proyecto de Ley Banca Segura, una legislación que busca proteger a los bancos que prestan servicios a la industria del cannabis de ser penalizados por los reguladores federales.

Permitir que las instituciones financieras se involucren con la industria del cannabis sin temor a represalias, es sin duda un gran paso que aliviana las cargas de las empresarios y promueve aun más la inclusión del negocio en la economía.

Con una experiencia combinada de más de 100 años en temas agrícolas y una operación ubicada en el Quindío, en Plantmedco hemos encontrado que la inversión vale la pena. Solo basta vencer el estigma que aún existe en el país frente al cannabis medicinal, la próxima gran agroindustria colombiana.