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En los últimos cuatro años, regiones que se habían caracterizado por ser potencia dentro del sector se vieron afectadas a causa de fenómenos ajenos a la voluntad humana como el aumento de temperaturas, la disminución de precipitaciones y el incremento de la humedad relativa.

Tolima en 2009 y 2010, los Llanos Orientales en 2011 y la zona de Fonseca en la Guajira el año pasado, son tan solo algunos de los ejemplos que se pueden mencionar para una problemática que aún continúa.

“Antes había una regularidad en el clima que guiaba el ciclo de los cultivos en las regiones. Junio, julio y agosto era verano. Noviembre y diciembre era invierno. Ahora nadie sabe cuándo llueve ni en qué cantidad. Los fenómenos climáticos son más frecuentes y más fuertes”, afirma Guillermo Giraldo, gerente comercial de maquinaria agrícola de Sida S.A.

Un tema que requiere atención
“Realmente si ha habido y sigue habiendo un cambio de los factores climáticos”, asegura Patricia Guzmán García, subgerente técnica de Fedearroz, quien explica además que dichos fenómenos cambian el ambiente en el que se da el cultivo afectando así la fisiología de la planta y favoreciendo el desarrollo y la proliferación de bacterias.“A finales de 2009 y 2010 la zona arrocera del Tolima resultó seriamente afectada. Al hacer la evaluación del análisis climático encontramos que las temperaturas mínimas estaban demasiado altas”.

Cuando el arroz es perjudicado por factores como este, sin importar el estado de desarrollo en el que se encuentre, la planta no descansa y se ve obligada a seguir produciendo durante toda la noche como si todavía contara con el calor del sol.

“Al no reposar, desarrolla un estrés que produce vaneamiento, es decir, que las espiguillas de la panícula del arroz no se llenan, y al no llenarse no se genera el grano”, subraya Guzmán García.

Por otro lado, Daniel Parada, ingeniero agrónomo de Químicos Oma en el departamento del Meta, asegura que “mientras este lloviendo y la disponibilidad de agua en el suelo sea óptima, el arroz es tolerante a muchos problemas como la acidez de los terrenos. Pero al no haber las condiciones necesarias, las deficiencias químicas y biológicas de los lotes se manifiestan de una manera más evidente en las plantaciones”.

Es lo que pasó en los cultivos de los Llanos Orientales en 2011, año en que la producción de la zona arrocera fue la más baja de su historia. “El 80% del área de los Llano es secano y por ende necesita de las lluvias. Resulta que ese año no solamente hubo una menor cantidad de precipitaciones, sino que también la distribución de las lluvias fue muy amplia, periodos de 10 a 15 días sin que cayera una sola gota”, cuenta la subgerente técnica de Fedearroz.

La variabilidad climática es tan incontrolable como impredecible. Los estudios adelantados por la Federación de Productores de Arroz han demostrado que en el transcurso de los últimos años las cifras de temperatura máxima alcanzadas en algunas plantaciones del país han llegado incluso hasta los 47°C entre el medio día y la una de la tarde. Esto, sin duda, ha causado que las flores de arroz se marchiten.

Además, si miramos la otra cara de la moneda, otras zonas de ambiente normalmente seco como la de Fonseca, en la Guajira, donde la temperatura es considerada ideal con una humedad relativa es de 60%, registraron los incrementos más altos de este último factor en 2012.

Parada explica que cuando llega la época de verano, hay mayor incidencia de plagas por lo que se pueden disparar enfermedades de manera más rápida y los ambientes podrían registrar una afección sanitaria con mayor facilidad.

Muchas personas interpretan el problema como si se tratara de bacteriósis, pero en realidad son las condiciones ambientales bajo las que se encuentra la planta las que le ocasionan un daño fisiológico que es aprovechado por patógenos que se están multiplicando con mayor frecuencia bajo ese tipo de factores.

“Lo que pasa con las bacterias. es que son muy difíciles, casi imposibles de controlar. Si en humanos es complicado controlar una infección bacteriana, lo mismo pasa en las plantas”.

Lo importante es estar informado
En un foro organizado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, varios especialistas del sector arrocero coincidieron en que el cambio climático requiere que la gestión del riesgo en la agricultura se enfoque en el día a día y no solamente en eventos extremos de inundaciones y sequías.

La Federación de Productores de Arroz por su parte tiene instaladas 27 estaciones meteorológicas en distintas zonas arroceras del país. Gracias a dicha red, los agricultores pueden consultar qué factores climáticos están ocurriendo y cuáles tienen incidencia dentro se su cultivo para así cuidarlo o administrarlo de manera adecuada.

“Mensualmente estamos produciendo un boletín meteorológico para cada una de la zonas, producto de los datos que estamos obteniendo de dichas estaciones”, explica Patricia Guzmán, subgerente técnica.

“Los arroceros pueden encontrar allí información diaria de los factores climáticos más importantes, así como datos de referencia muy completos que les ayudarán a realizar una comparación con el histórico del mes anterior y de los últimos cinco años. Esta información diaria también la puede ser consultada en línea”.

Expertos también destacan que para enfrentar el cambio climático es necesario la aplicación de una agricultura mucho más inteligente y pensada con rotación de cultivos, abonos verdes y áreas de alta eficiencia.

Aplicar prácticas sostenibles
Si bien es cierto que en el mercado existen herramientas y maquinaria especializada que ayuda a reducir el impacto de los problemas climáticos, es indispensable que el agricultor adopte prácticas sustentables dentro del ciclo de su labor.

“El que no se preocupa por el ambiente acaba perjudicando su propia producción. Nuestra materia prima es la tierra. Puedo cambiar la marca de mis equipamentos y suministros, reemplazar al agrónomo, contratar a otros empleados, hasta el dueño de la finca puede ser otro, pero la tierra siempre estará ahí”, manifiesta Jorge Builes productor de la empresa agropecuaria Hacienda El Paraíso.

La misión está enfocada entonces a la preservación del medio ambiente, tema que ha sido tendencia no solo en la agricultura, sino también en los demás sectores de la economía.

Países que son potencia alrededor del mundo están centrando sus políticas en el control y la reutilización de desperdicios, es decir, que están incentivando la producción de alimentos de manera sustentable y orgánica que implica cambios sustanciales en la siembra.

En Colombia, lo que está recomendando Fedearroz a los agricultores nacionales es que hagan un manejo racional de los insumos y del cultivo teniendo en cuenta las indicaciones de manejo integrado. De esta manera se pretende reducir los costos de producción, generar más empleo en las zonas rurales y aumentar la compétitividad del sector arrocero. “Esto de la variabilidad climática ha sido impresionante, los cambios del clima se han visto en todas las zonas del país. Somos conscientes de que es algo que no se puede controlar, sin embargo lo que queremos desde Fedearroz es darle a los agricultores las herramientas necesarias para que hagan frente a los diferentes fenómenos”, manifestó la subgerente técnica de Fedearroz.

Una problemática de escala mundial
Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, los peligros ambientales de gran escala y alcance global que amenazan la salud humana comprenden el cambio climático, el agotamiento de la capa estratosférica de ozono, la pérdida de diversidad biológica, cambios en los sistemas hidrológicos y en las reservas de agua dulce, la degradación de la tierra y las presiones ejercidas sobre los sistemas de producción de alimentos.

La organización subraya que proteger la salud del cambio climático planetario exige la gestión a muchos niveles, desde los factores sociales y económicos que impulsan el cambio hasta los peligros y exposiciones resultantes para los grupos humanos.

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