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Opciones en fertilización

10 de junio de 2026
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Con los cambios en los precios internacionales de los fertilizantes y de las materias primas para su producción, surge una pregunta cada vez más frecuente: ¿Latinoamérica tiene alternativas para nutrir sus cultivos y reducir su dependencia externa?

La respuesta comienza en la historia misma de la agricultura. Entre los primeros registros de fertilización se encuentran los estiércoles utilizados hace unos 8.000 años y el uso de peces en las líneas de siembra de maíz como fuente de fósforo.

Investigaciones arqueológicas en Europa han encontrado cereales con más de 8.000 años de antigüedad que presentan altos contenidos de nitrógeno, compatibles con el uso de estiércoles y otras fuentes orgánicas. Estos hallazgos demuestran que durante milenios la agricultura se sostuvo mediante recursos locales, una alternativa que sigue vigente y hoy cuenta con mayores herramientas técnicas.

Los fertilizantes orgánicos continúan siendo opciones para complementar la nutrición vegetal. Residuos pecuarios, compostajes, materiales vegetales transformados, guanos marinos o aviares y otras fuentes de materia orgánica aportan nutrientes, mejoran las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo y aumentan la eficiencia de los fertilizantes aplicados. Aunque en sistemas intensivos no siempre cubren por sí solos todos los requerimientos nutricionales, sí contribuyen a disminuir la dependencia de fuentes externas.

Otra alternativa corresponde a los recursos minerales locales. Latinoamérica posee importantes reservas de rocas fosfóricas con contenidos de fósforo entre 20 % y 36 %, además de materiales ricos en calcio, magnesio y silicio. Aunque el P presenta limitaciones de solubilidad, los avances en acidulación, tratamientos térmicos y uso de microorganismos han mejorado su aprovechamiento agronómico.

A ello se suman los biofertilizantes, una de las alternativas de mayor crecimiento en la agricultura moderna. El desarrollo de productos que permiten estimular procesos biológicos favorables y reducir parcialmente la dependencia de fertilizantes de síntesis química.

La región ha avanzado en la propagación de microorganismos benéficos. Los fijadores biológicos de nitrógeno transforman el nitrógeno atmosférico en formas aprovechables por las plantas; los solubilizadores y movilizadores de fósforo mejoran la disponibilidad de este nutriente; y los productores de sideróforos favorecen la absorción de hierro. Todos ellos contribuyen a aumentar la eficiencia de la fertilización y el aprovechamiento de los nutrientes presentes en el suelo.

Actualmente existen formulaciones líquidas, sólidas y tecnologías emergentes basadas en microcápsulas y geles poliméricos que mejoran la supervivencia y el desempeño de los microorganismos benéficos en campo.

Aunque los biofertilizantes y microorganismos benéficos aún representan una fracción relativamente pequeña del mercado mundial, su crecimiento sostenido confirma su viabilidad.

Brasil y Argentina lideran el desarrollo regional de estas tecnologías, mientras que experiencias en Colombia, Ecuador, Perú, Cuba y México evidencian el potencial de los microorganismos nativos para mejorar la productividad en cultivos como maíz, soya, café y hortalizas. Estos avances fortalecen la soberanía tecnológica y la seguridad alimentaria de la región.

Otra opción de creciente relevancia es el uso de biodigestores para transformar residuos orgánicos en energía y fertilizantes. Estos sistemas procesan estiércoles bovinos, porcinos, avícolas y otras excretas orgánicas, incluyendo residuos humanos bajo condiciones controladas, generando biogás y digestato. Este subproducto conserva nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica, permitiendo reciclar nutrientes, reducir pérdidas ambientales y disminuir parcialmente la dependencia de fertilizantes externos.

La recuperación de nutrientes provenientes de residuos orgánicos constituye otra tendencia de interés creciente. Nutrientes contenidos en aguas residuales, estiércoles y excretas humanas, antes considerados desechos, hoy son vistos como recursos con valor agronómico. Aunque persisten desafíos de inocuidad, control de contaminantes y regulación, representan una alternativa prometedora dentro de los esquemas de economía circular.

Incluso la orina humana está siendo objeto de investigación en distintos países. Su contenido de nitrógeno, fósforo y potasio la convierte en una fuente potencial para la fertilización cuando es recolectada, estabilizada y tratada adecuadamente. Aunque enfrenta barreras culturales, técnicas y regulatorias, constituye una alternativa emergente.

Entre las tecnologías surge la producción de estruvita, un mineral compuesto principalmente por fósforo, nitrógeno y magnesio que puede recuperarse de aguas residuales, digestatos y corrientes líquidas ricas en nutrientes. Este fertilizante de liberación gradual ya se produce comercialmente y representa una alternativa moderna.

A estas alternativas se suman los abonos verdes, el aprovechamiento de residuos agroindustriales y los avances en fertilizantes producidos con energías renovables. Es una realidad que en Latinoamérica se producen fertilizantes como la urea y se podrían producir mayores cantidades.

De igual manera, el aprovechamiento de subproductos industriales abre nuevas posibilidades. Escorias siderúrgicas, materiales derivados de procesos térmicos, algunos refractarios que se muelen y residuos minerales industriales con potencial agronómico complementan la oferta de nutrientes.

Las alternativas no terminan allí. La nanotecnología busca aumentar la eficiencia nutricional mediante dosis mucho menores de nutrientes. Aunque en gran parte depende de tecnologías y suministros externos, representa una opción emergente para reducir los volúmenes de importaciones.

La respuesta a la pregunta inicial es positiva. Latinoamérica sí dispone de alternativas para nutrir sus cultivos. Materia orgánica, recursos minerales locales, biofertilizantes, microorganismos especializados, biodigestores, recuperación de nutrientes, estruvita, subproductos industriales y nuevas tecnologías conforman un portafolio cada vez más amplio. Ninguna de estas opciones constituye una solución única; el futuro de la fertilización regional dependerá de la capacidad para integrarlas de forma técnica y eficiente, aprovechando los recursos disponibles en cada territorio y reduciendo gradualmente la dependencia externa.

Más que reemplazar completamente los fertilizantes convencionales, el desafío para América Latina consiste en construir sistemas de nutrición vegetal más diversificados y eficientes. La combinación inteligente de alternativas locales con fuentes importadas permitirá avanzar hacia una agricultura más competitiva, sostenible y menos vulnerable a las fluctuaciones de los mercados internacionales.

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