Comentarios Víctor Diusabá Rojas

Feria de San Isidro: toreo eterno de Urdiales para abrir la puerta grande

29 de mayo de 2026
MÁS COLUMNAS DE ESTE AUTOR

Una oda de Diego Urdiales escrita en dos piezas. Más sentida la primera que la segunda. Todo para hacer de la decimo octava tarde de San Isidro el hecho más importante en lo que va corrido de la Feria. Sus dos faenas fueron premiadas cada una con oreja, pero, sin duda, la segunda obra del riojano perdurará por mucho tiempo como cuadro caro y precioso. El peruano Andrés Roca Rey también cortó una oreja en el quinto turno. Los toros de Juan Pedro Domecq tuvieron comportamiento desigual. La plaza se volvió a llenar, contando además con la presencia del Rey Felipe VI en esta corrida en homenaje a la prensa en su edición número 126.

Y precisamente la primera ovación de la tarde fue para el Rey, puesto en barrera y no en el palco real.

Y silencio, más reservas, a las primeras acciones del que abrió la tarde, incierto y flojo. Igual, Bruno Aloi lo ligó en un quite muy ceñido y vistoso a lo mexicano. El nacido en la Capital Federal, que confirmaba alternativa, se puso en los medios para intentar ligar, pero el de Juan Pedro evidenció de nuevo sus flaquezas en las extremidades anteriores, aparte de mal estilo. Pinchazos, silencio.

Las verónicas encajadas y templadas de Diego Urdiales trajeron el toreo de peso a la salida del segundo. El de Arnedo lo ratificó enseguida, ante lo que no tardó respuesta de Roca Rey, también con calidad y entrega en los capotazos de su quite.

Con la muleta, Urdiales hizo del temple el instrumento para mandar a un ejemplar pronto y noble, eso sí, con los pases contados. Espadazo y petición: oreja.

Un quite de Roca Rey al tercero, sirvió de punto de partida a ese turno, frente a un enemigo negro listón con recorrido y cierta punta de violencia. Las series tuvieron emoción, aunque no el ritmo necesario para calar en un público de opiniones divididas. Espada en lo alto, palmas.

Una nueva lección de capa de Urdiales, elevada a una categoría más que superior, retumbó en los tendidos hechos una sola voz para rendir homenaje al riojano. Vino entonces lo sustancial o, lo que es lo mismo, el toreo eterno. Ese de todas las épocas, el que jamás se marchará porque es la esencia de esta hermosa fiesta. Una lidia en toda la extensión del término, una obra de arte de esas que no están en venta. En fin, Urdiales en carne y hueso. Oreja que vale por muchas.

De rodillas, Roca Rey salió a buscar lo suyo en el quinto, gran ejemplar con codicia y calidad en las series posteriores del peruano hechas en corto y sin tachones, en especial sobre la mano izquierda. La faena fue tan extensa como intensa. Pinchazo y entera, oreja.

El sexto no brindó mayores opciones a Aloi, quien puso voluntad sin encontrar eco de un animal puesto a la defensiva. Palmas de cariño.

Ficha de la corrida

Toros de Juan Pedro Domecq

Pesos:
553, 538, 583, 541, 544 y 533 kgrs
Desiguales de presentación

El primero, flojo y sin calidad. El segundo, noble, aunque de poca duración. El tercero, con movilidad y justo de calidad. El cuarto de menos a más, hasta romper, palmas en el arrastre. El quinto, noble. El sexto, descastado.

  • Diego Urdiales
    Pavo y oro
    Oreja y oreja
  • Andrés Roca Rey
    Burdeos y oro
    Palmas, tras aviso, y oreja.
  • Bruno Aloi
    Blanco y oro
    Silencio, tras aviso, y tibias palmas

 

Víctor Diusabá Rojas
Especial para Agronegocios
Madrid, España

Beneficios LR Más

CONOZCA LOS BENEFICIOS EXCLUSIVOS PARA NUESTROS SUSCRIPTORES
SUSCRIBIRSE

Más de opinión