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En 100 familias lecheras de Boyacá, Cundinamarca y Nariño se multiplicó por dos y hasta por cuatro la producción láctea. Así, en promedio, el ingreso mensual por hectárea escaló entre $400.000 y $800.000  y entre 500 litros a 1.400 litros en el mismo periodo —el plan se hizo en fincas de una extensión que osciló entre 4 hectáreas – 25 hectáreas—.

Ese nivel de productividad se logró después de cuatro años de cooperación de Nueva Zelanda y US$4 millones que permitieron adecuar un modelo para mejorar la cantidad y la calidad de la leche a través de dos claves: el manejo de pasto y el concentrado como suplemento para las vacas.

¿Por qué el mayor productor del sector lácteo asume este reto? Lucy Duncan, embajadora de Nueva Zelanda en Colombia, sostuvo que el país quiere darle un parte de tranquilidad a los productores nacionales, teniendo en cuenta que su interés es colaborar.

“Colombia tiene una oportunidad, y el reto es transformar su producción láctea y competir con los importados”, explicó. Lo anterior si se tiene en cuenta que las sensibilidades que hoy presentan se agravarán, debido a que los Tratados de Libre Comercio llegaron para quedarse y la liberalización total está a la vuelta de la esquina, pues los años de protección se acaban en 2026, al menos para Estados Unidos, y 2028 para la Unión Europea.

Un avance del modelo 
La técnica desafía la concentración de, al menos, el 65 % de los costos que hoy un ganadero antioqueño tiene en el manejo del pasto (fertilizantes e insecticidas), y el concentrado para el animal.

La idea, según explicó, Juan Fernando Vela, coordinador del proyecto Cadena Valor Láctea, está en no pensar en la productividad del animal, sino del hato como generador de eficiencia. ¿Cómo? reemplazando el concentrado y preocupándose más porque el pasto tenga los nutrientes necesarios para la productividad.

El reto radica en una convicción total del gerente de la finca así como en la costumbre de los animales, pues su tradición alimenticia producirá que no genere digestivamente lo necesario en su nuevo modelo de alimentación.

En esa vía “no hay un pasto especializado, con los contenidos de nutrientes, para alimentar las vacas, que no tienen la capacidad de suplir la alimentación convencional con concentrado para poder bajar los costos de producción”, afirmó Juan David Zuluaga, gerente de Alagro, cooperativa que agrupa 190 productores del Oriente antioqueño.

No obstante, los mejores resultados del plan piloto se presentaron en fincas que no usan concentrado. “Con el nuevo modelo, todas las crías se están preparando para ser rumiantes. Las nuevas generaciones de vacas van a ser más productivas en pastoreo”, explicó Vela.

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