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Nicolás Téllez, magíster en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional lideró un investigación en la que durante un año se estudió el comportamiento de estas aves alrededor de los comedores artificiales. Allí se encontró que la abundancia de especies condiciona las visitas a estos lugares y su acceso al recurso especialmente ante la presencia de contrincantes.

Según el análisis, la cantidad y el patrón diario de pelea entre especies cambió y su variación se condicionó por el tamaño y sexo de las especies, las habilidades de combate de cada individuo, además de algunos resultados que no habían sido reportados antes como el tipo de comedero y características del ambiente como la lluvia.

De acuerdo con información arrojada por el estudio, las peleas entre las especies en los comedores aumentó, pues hubo más de 20.000 interacciones de las especies más comunes de calibríes, cifras que superan los hallazgos de otros estudios realizados tanto en flores como en comedores.

Uno de los ejemplos citados por el investigador es que, de acuerdo con lo analizado, dentro de las especies más agresivas se encontraron especies como Anthracothorax nigricollis, Colibri coruscans y machos de Chalybura buffonii, quienes además presentan armas en sus picos que provocan daños a sus contrincantes, mientras que las aves que tuvieron menores interacciones fueron las menos abundantes como las hembras de Chalybura buffonii y los individuos de Colibri thalassinus.

La investigación también arrojó que la disposición de alimentos a través de estos comedores ayuda a que los individuos que están enfermos, después de conseguir comida sobrevivían; es decir que aumentan la probabilidad de superviviencia de muchos individuos. Estas aves polinizadoras solo existen en el continente americano en donde hay 100 géneros y 330 especies. En Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela existe una mayor diversidad de estos.

Para Téllez aunque son preferibles las flores que los comedores artificiales, estos pueden ser un paso intermedio entre una zona de poca vegetación y un bosque.

El estudio dirigido por el profesor Frank Gary Stiles Hurd, curador de la Colección de Ornitología del Instituto de Ciencias Naturales de la U.N., y por el doctor Alejandro Rico-Guevara, egresado de la U.N. se llevó a cabo en los comederos artificiales instalados en la finca Colibrí Gorriazul, ubicada en la vereda Tierra Negra, en cercanías a Fusagasugá.

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