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El mango ha sido una fruta muy apetecida e incluso venerada a través de los tiempos, testimonio de ello se encuentran en las Sagradas Escrituras y en relatos hindúes con más de 3.000 años de antigüedad donde se refieren a esta fruta en el contexto de diversas leyendas en la historia.

En los siglos XV y XVI los españoles introdujeron este frutal en sus colonias tropicales del continente americano, por medio del tráfico comercial entre las Filipinas y la costa oeste de México. Así se encontró el mundo occidental con el mango, luego con la apertura de las rutas marítimas hacia el Lejano Oriente, realizada por los portugueses a principio del siglo XVI, se inició su actual distribución global.

En Colombia se le conoce desde la llegada de los conquistadores españoles, pero solo fue durante el pasado siglo cuando algunos productores e industriales se interesaron por cultivarlo en forma tecnificada.

Las prácticas hortícolas han moldeado la naturaleza del mango. Hoy en día tiene la presión de la eficiencia y la productividad, para lo cual se han creado nuevas variedades de mangos con características excepcionales y con colores específicos para alcanzar los estándares del mercado y ser llamativos para sus compradores pero, sobre todo, mangos con alta productividad.

Para el caso de la variedad del mango de azúcar se dice que su centro de origen es el municipio de Ciénaga en el departamento del Magdalena y pudo haberse originado a través de un proceso de hibridación natural de algunas variedades de mango que se encontraban establecidos en huertos de fincas de pequeños productores de frutales o, posiblemente, se originó por una mutación natural y su nombre se derivó por presentar sus frutos un sabor muy dulce.

Sin embargo, en esta zona los primeros huertos que se sembraron de esta variedad se hicieron utilizando la propagación sexual,la cual ocasionó una gran diversidad genética y una heterogeneidad en cuanto a la producción y calidad de frutos. Es decir, no había uniformidad en cuanto a forma, color, sabor, olor, textura, firmeza de la pulpa, jugosidad, entre otras características, lo que provocó que la calidad del mango de azúcar tuviese poca aceptación en el mercado.

Por tal motivo, Agrosavia y su Centro de Investigación Caribia, seleccionaron los 22 mejores árboles o clones en 22 fincas de Santa Marta y el municipio de Ciénaga, los cuales se sembraron por grupos de nueve árboles en parcelas y se replicaron cuatro veces en un terreno de ocho hectáreas.  Luego se seleccionaron cuatro clones, dos de Ciénaga y dos de Santa Marta, que fueron los que resultaron con mejor rendimiento y calidad de frutos, para posteriormente continuar con su propagación a través de la técnica de injerto.

Esto nos dio como resultado la conservación de la identidad genética de estos cuatro materiales y una oportunidad para brindarles a viveristas y productores de la región en el departamento un banco genético de plantas madres de mango de azúcar como fuente de semilla para el establecimiento de sus huertos comerciales.  Una buena noticia que deja a salvo la genética del mango de azúcar.